Ausencia

El mero pronunciamiento de la misma nos pone un poco ansiosos y nos aprieta el estómago.
AUSENCIA.B.MEGF.MIERC.09 DE FEB.2010.
Por Wilfredo Peña Moredo 4:07 am

Hace varios días se presentó en las salas de cine del país una película muy peculiar. Si bien para algunos puede ser una película ‘rosita’ o ‘romanticoide’ me pareció diferente a lo que Hollywood nos tiene acostumbrado. La película está basada en una novela de John Green cuyo título, el mismo de la película es ‘The Fault in our Stars’.

Sin revelar y estropear el tema de la película sí puedo decir que me sorprendió la temática y por lo menos la profundidad que se le trató de dar. Hoy en día tomamos muchas cosas por dadas. No sé si pueda ser ese pedazo de infinito que hay dentro de nosotros que se resiste a dejar de ser-de existir.

Pero no hay duda de que la palabra ausencia, el mero pronunciamiento de la misma nos pone un poco ansiosos y nos aprieta el estómago. Es como si todos supiéramos pero no quisiéramos aceptar que hoy sí y mañana no.

La vida es como una gigantesca estación de trenes. En cada andén hay un hermoso e impresionante tren donde salen y entran pasajeros. De pronto llega y con el saludo encuentros, besos y abrazos. De pronto suena el silbato, se anuncia la salida y entre lágrimas y adioses se va alejando esta hermosa nave.

¡Ausencia! Si bien la vida está llena de ausencia y hay que aprender a vivir con ellas también estás pueden ser para nosotros una escuela donde aprender lecciones de vida. Y usted dirá ¿Qué se puede aprender de las ausencias? Primeramente creo que podemos aprender a apreciar cada momento y persona que aparece en nuestro caminar por la vida. Siempre he creído que es completamente necio el saber lo que teníamos cuando lo perdemos: “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde.”

El tener que perder una madre, padre, hijo(a), ni esposa(o) para conocer cuán importante era en nuestra vida solo dice lo insensato y superficial que fue la persona para no apreciarla cuando la tenía consigo. También de la ausencia podemos comprender y reflexionar sobre la valía de aquellos que compartieron la vida con nosotros. Podemos gustar de nuevos momentos, conversaciones, recuerdos con aquellos que mientras estuvieron con nosotros nos regalaron un pedazo de eternidad. De hecho hay un refrán que dice: “recordar es vivir” y que mejor recuerdo que de aquellos que estuvieron y que ya no están con nosotros.

Creo que demasiadas veces y de demasiadas formas tomamos por dado personas, acontecimientos y cosas por no conocer realmente su valor para después lamentarnos cuando ya no las tenemos. Es por eso que creo firmemente que no debemos dejar para mañana lo que podemos hacer hoy. Ese gesto, cariño, regalo palabras de aliento. Ese perdón ofrecido o aceptado, ese pasar de páginas y seguir adelante no puede dejarse para luego dado que ese luego quizás cuando lo queramos ya no estar ahí.

Siempre me ha impresionado los llantos y lamentos en los velatorios especialmente cuando van acompañados de frases como: “Nunca te dije lo mucho que te quería, perdóname como trate, perdóname como te trate, por no haberte apreciado como te merecías y mucho más. Lo lamentable de todo esto es que ya la persona no te podía escuchar, ni responder porque no estaba ahí. Estaba ausente.

La ausencia debe ir acompañada de sentimientos de paz y armonía. De buenos recuerdos y gratas memorias. De esta manera, se convierte la ausencia en presencia, porque aunque la persona no esté físicamente, su legado de amor hace que esté presente en medio de su ausencia.

Wilfredo Peña Moredo

Párroco Iglesia Santa Bernardita


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