Brown

"Los EEUU de Norte América arde en sus entrañas"
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AP
Por Katherine Angueira Navarro 4:00 am

Protestas callejeras, vandalismo, bombas molotovs, uso de gases lacrimógenos, disparo de balas de goma, toque de queda, uso de armas largas, la militarización de la policía, y el uso de la Guardia Nacional es la fórmula que se repite en los disturbios sociales de alto calibre por su contenido.  Ya no se trata de las calles en Venezuela, Tianenmen, o Egipto; ni tan siquiera las de Puerto Rico. Irónicamente, el foco de atención revierte a quien se piensa el policía internacional para frenar no solamente las dictaduras, sino el abuso paramilitar-policíaco.

Los EEUU de Norte América arde en sus entrañas.  La aparente ejecución sumaria de un joven afro-americano, Michael Brown, por parte de un policía en Ferguson, Missouri revive la llama de la pugna socio-racial que al día de hoy es incendiario.  La profunda herida racial que nace de la historia de la esclavitud de los negros evidentemente no ha sido superada.  A pesar de que en el 2008 y 2012 se eligió al primer africano-americano a la presidencia de los EEUU, Barack Hussein Obama, eso no borra las tensiones racistas que están a flor del tono del color de la piel.  Secuestrados en el África, arrancándolos de su tierra y su entorno familiar,  encadenados como animales y trasladados al ‘nuevo mundo’ para hacer trabajo forzoso en las haciendas en los EEUU, ocasionó una de las más profundas grietas en el tamiz social de dicha nación. La burbuja protectora del presidente Obama se equivocó en aislarlo de una situación de la cual debió haber ejercido su liderato.  Disfrutar de unas vacaciones en la cuna de Martha’s Vineyard es inexcusable, mientras se re-activa las pugnas raciales, hito de donde nace  su propia presidencia.

La transparencia en el trámite investigativo desde el primer día debió guiar a las agencias de ‘ley y orden’ para disipar la falta de confianza en las autoridades alegadamente responsables de un acto atroz de posible abuso policíaco.  La suspicacia emana del evidente conflicto de interés de que las autoridades investigativas intenten encubrir a un oficial del orden público.  Según el informe preliminar del Dr. Michael Baden, perito forense contratado por la familia Brown, hubo al menos 6 balazos, uno de los cuales se alega fue el golpe mortal en el ápice de la cabeza. Aparentemente el joven bajó la cabeza antes del tiro fatal.  Robar una cajetilla de cigarros, y un alegado altercado con un empleado de la tienda, ¿son justificación para una ejecución sumaria?  ¿No hubo otra opción para detener a quién se alega cometió un acto delictivo?   El oficial va a tener serias dificultades en explicar cómo determinó que su vida estaba en peligro si no ‘neutralizaba’ a Brown, no con un tiro, sino varios.

Las protestas para canalizar la indignación de una comunidad eran de esperarse como parte de la larga lucha que ha dado la comunidad afro-americana contra el discrimen racial en los EEUU.  La lucha por el respeto a los derechos civiles de la comunidad afro-americana no se puede despachar con ligereza.  Legitimarles como ciudadano-as dignos de que se le garantice su derecho democrático a  que todos “los hombres y mujeres son creados iguales”, costó una guerra civil entre el Norte y Sur de los EEUU a mediados del siglo XIX. Casualmente, la ejecución  del abolicionista John Brown en 1859 fue una carta trascendental en propulsar la misma.  Finalmente,  la aprobación de la XIII Enmienda de la Constitución en 1865  abolió la esclavitud, mientras que la XIV Enmienda del 1868 garantiza el debido proceso de ley y la igual aplicación de la ley a los libertos.   El caso de Linda Brown vs Board of Education (1954) prohibió el apartheid educativo por color de la piel.  Posteriormente, la aprobación de la Ley de Derechos Civiles (1964) y Ley de Derechos del Voto (1965) son pilares  para atajar las lagunas discriminatorias.

Alcanzar la equidad ha sido cuesta arriba, pues el racismo nubla el entendimiento de sus vigías.  Lamentablemente, en momentos trascendentales se cruzan seres que recurren al vandalismo, desvirtuando el mensaje de altura de quienes reclaman su derecho a la libre expresión ante el aparente abuso policíaco; convirtiéndose las calles en zona de guerra.  Al Estado sacar sus garras,  imponiendo un toque de queda con la presencia de la Guardia Nacional, solo agrava el retrato del uso de la fuerza bruta, contra la ciudadanía.  En lugar de propiciar un diálogo transparente y agilizar la investigación del posible abuso policíaco, el Estado sólo aviva la indignación por sus tácticas represivas. Interesantemente, ‘Brown’, más que un apellido se torna la metáfora histórica  de más de 150 años de lucha racial en EEUU.

Katherine Angueira Navarro

Psicóloga Social-Comunitaria


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