Buscando amor en los tiempos de la chatarra

La opinión de un mequetrefe en una época difícil
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Por Alexis Zárraga, EL VOCERO 11:25 am

Febrero se caracteriza por ser zalamero, lascivo y rojo como el alma de David Bernier; pero este año comenzó frío, soso y con el mismo ánimo de sandunga que una misa en la Iglesia Católica.

Cuando creíamos que el amor verdadero y perfecto existía, Bodine Koehler y Miguel Ferrer terminan su relación de ensueño. Este dúo era la pareja más tierna que habíamos tenido desde que Johanna Rosaly y José Luis Rodríguez nos robaron el corazón en ‘Cristina Bazán’. Para abonar a la crisis de grajos, Ricky Martin y Papucho finalizaron su amorío. Un despechado Ricky anda semidesnudo posteando fotos en las redes sociales, subiendo videos metiendo la chola debajo de las poderosas cascadas del Yunque para despojarse, y tirando indirectas en Twitter, demostrando que el ‘beautiful people’ también saca de vez en cuando la histeria a pasear. Hasta para los ricos y famosos el amor puede ser una úlcera. Para los hombres pobres es peor.

Los varones con atributos físicos que demuestran que Dios no es un ecuánime artesano, modelos de barriga fofa gracias a la dieta que obliga el cheque a cheque, cuyas destrezas en el movimiento corporal no reconocen la diferencia entre bailar una salsa de Gilberto Santa Rosa y el andar de un caballo chongo, estamos destinados a pasar las de Caín en esas artes amatorias.

Si eres un plebeyo común, solo tienes una vía para hacer el ‘approach’ a ellas: mintiendo o exagerando. Eso de que “tienes que ser tú mismo”, eso es un embuste que no te lo recomienda ni la madre que te parió. El tipo comienza vendiéndose ni muy sensible, ni muy machista. Graciosito, pero no charlatán ni sobra’o. Hasta tienes que usar cubiertos pa’ comerte una trapo ‘e pizza, porque así lo exigen las reglas de etiqueta a la hora del cortejo. Cuando coges confianza y hasta masticas las servilletas llenas de grasa, se escandalizan y desilusionan porque no nos conocieron de esa manera. El secreto para que un caballero ordinario y del montón pueda degustar los placeres del sobo femenino, siempre es la ‘mentira blanca’.

Con una economía donde comer guanimes con bacalao es un lujo digno de Los Fonalledas, la cosa se complica porque en esa primera cita lo más importante es que no puedes mostrarte muy pela’o. Recuerda que cuando demuestras un ápice de pelambrera, papá, salen corriendo o se te tiran del carro en medio de la carretera.

Antes llevabas la chica a El Hamburger en San Juan, y con galantería le decías que pidiera lo más caro. Tu única preocupación era tener en la cartera 50 pesitos (uno de 20$ al frente, uno de 20$ atrás,y en el medio diez de 1$) para lucir como un exitoso bolitero viviendo en los excesos y el despilfarro. Al final de la velada, te parabas detrás de la dama de cara a la costa, ella sentiría tu aliento con cebolla y mayonesa, y una álgida, salitrosa y coqueta brisa los abrazaría. Solo eso era motivo suficiente para que la chica pasara “una noche mágica” que presumiría con sus amigas.

Ahora si invitas una fémina a salir, tienes que llevarla a un restaurante medianamente elegante, o que al menos vendan el sushi ese que solo es apreciado por el paladar de los cavernícolas y las mujeres. La parte más importante de la cita es que la chica tiene que dar ‘check in’ para que alguna ‘frenemy’ se inunde de envidia. Uno no escatima, así que sacas tu flamante Groupon para el date. Empiezas a hacerle gestos con el cuello al mesero que no domina el idioma de la indigencia.

Luces como un algún Tiranosaurio Rex bebé tratando de dejarle saber al muchachito que vas con un certificado de descuento, y el morón aún no entiende. Terminas casi chupándole el lóbulo de la oreja al camarero para susurrarle el secreto de estado, y luego le das una sonrisa a ella digna de Alejandro García Padilla cuando viene a decirnos que todo está corriendo excelente.

Después de la cena, tímidamente le preguntas si quiere postre. Le rezas a todos tus familiares muertos, esperando que tenazmente diga que no. La mujer -tragaldabas e insaciable desde Eva, quien intercambió todo el Edén por una trapo ‘e manzana- siempre tiene apetito y dice que sí. Olvídate, si la dejan, pide otro plato pa’ llevar. Al concluir esa trágica noche, te da un leve y distante beso en la mejilla, sepultando tu ventiúnica posibilidad de salir de la soltería. Y se fueron los chavitos de la quincena. Otro pordiosero al mínimo federal reclamando su derecho a amar y fracasando en el intento. Así es el amor en los tiempos de la chatarra.

Toda la escena del restaurante es para los más suertudos, porque los varones que están a merced de la subjetividad de la belleza, esos están más fastidiaos. No es suficiente con que estemos en tiempos precarios y carencia de ‘toLta’, las mujeres, cuyo talento es el de siempre complicar las cosas, también quieren un papisongo tipo Ryan Gosling, olvidando que en esta isla enana y malapaga está el narizón, cafre y amorfo que hace orilla. Ni botándolos se acaban. Pero no, hay que hacer un paradigma de un espigado príncipe porque Walt Disney no murió en vano.

Si la parodia de un galán les echa flores, no bajan el estándar porque, imagínate, ‘dañar la raza’ no es una alternativa, y esa leve joroba lo descarta como ‘boyfriend material’. ¿Qué van a decir tus amigas cuando lo vean? ‘Mejor sola que mal acompañada’. Es así como las Doña Quijotas en su aventura de los molinos, terminan en un karaoke borrachas cantándole a la soledad.

Las más ariscas y narcisistas divas quieren el amor ya formado, sin esfuerzo alguno. Juran que el amor es una mata de sábila que uno la tira en cualquier la’o y se da. Ninguna película les enseña que ese tipo de cositas hay que irlas cultivando poquito a poco. Pretenden dar un chispito, poner las condiciones del juego y que alguien se entregue como si ellas fueran el regalo de los dioses a la humanidad.

Tampoco olvidemos las eternas renegadas. Todos los tipos pagan los platos de rotos de algún bambalán que una vez la hirió. Las muy cobardes le achacan responsabilidades a todo el género masculino, sin aceptar que la culpa de sus malas decisiones es de ellas.

Justo cuando los Zutanos y Menganos pierden la fe y piensan que no encontrarán una chica normal y madura que pueda soportar a un buena gente y feíto del montón, Julio Rivera Saniel les recuerda que hasta él tiene novia.

Chicas, si en este San Valentín están arrastrando la amargura que todo fue creado por los demonios del capitalismo, pensando que Cupido no es mas que el mismísimo Lucifer, y gritando que el exceso de cariño es una afrenta a las lecciones de Samantha Jones; dejen de esconderse detrás de sus miedos y paren de proyectar sus errores en El Amor. Tengan una instropección seria y analicen dónde están metiendo las patas. No olviden que allá afuera aún hay varones -aunque pobres, comunes, nada cachendosos y más repugnantes a la vista de lo que imaginan- dispuestos a tomarse el riesgo de conocerlas, aceptar sus issues, hacer una fila para comprar un ‘exótico’ clavel en Econo e intentar enamorarlas.

Por ser unas carne ‘e puercas y vivir a la defensiva no pierdan la oportunidad de conocer a tremendos tipos que solo quieren hacerlas felices. Ricky, también hay alguien para ti. Eso sí, más galán que el de las chicas. Que breguen con eso.


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