Carmelo Sobrino comparte sus horizontes desde la convalecencia

La exposición ‘La mirada horizontal’, inaugura el jueves en la Galería de Arte de la USC.
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El artista subió una aparatosa caída en su casa. Foto de Archivo
Por Jorge Rodríguez, EL VOCERO 4:04 am

Está inerte. No prevé un alta que se dé pronto. Con voz queda, casi inaudible y al no poder moverse, solo le queda su propio control mental. Solo piensa en aquellas letras del soneo de Cheo Feliciano que aludían a la familia boricua. Como, también sueña, que el futuro de los puertorriqueños reside en el amor por los demás. Las drogas para el dolor y las pastillas mantienen al maestro de la pintura, Carmelo Sobrino en un viaje continuo, paseándose por otros horizontes, y conociendo a otros por demás.

“Uno llega con tanto dolor y como no te puedes mover, los calmantes y las pastillas te desdoblan la realidad. Uno se sale de esta y entra a las alucinaciones; y te vas a caminar por otros lugares de la ciudad de una forma maravillosa. Es una explicación esquizofrénica y lo triste es que cuando tú regresas del viaje, de momento, lo que te encuentras es que estás amarrado a una cama, mirando el techo; y todo lo que estás viviendo desaparece. Se crea un sentido de dolor igual que un novelón. Me imagino es como un delirio digno de la cosa de la impotencia y de la angustia de estar confinado. En el hospital han sido buenos conmigo, me han ayudado, me han protegido”, expresa débilmente Sobrino.

A su vez, el artista agrega, que se ha proyectado a otros horizontes como los mismos que ha creado para la presente exposición individual ‘La mirada horizontal’, que inaugura el jueves en la Universidad del Sagrado Corazón (USC).

Hospitalizado de emergencia hace menos de una semana, al dislocarse su brazo izquierdo, y lastimándose varias vértebras de su columna, entre otras complicaciones, el artista fue operado inmediatamente de su caída en el Hospital Universitario de Río Piedras.

“Estuve por un asilo, por un paisaje yermo, era una realidad como esta que estoy viviendo ahora. Ha sido una experiencia diferente, tan dolorosa, tan dolorosa…, que lo que exige es un control mental, una fe grande de que se puede, que Dios está con uno y que va a salir uno de esto. Me recuerda al preso político, uno de los maestros nacionalistas, el poeta Francisco Matos Paoli, que sufrió alucinaciones en la cárcel. En la claustrofobia construimos otro sentido de la realidad, con miedo, tiritándote los dientes. Los primeros días, yo creía que me iba, se me rompió el mundo. La primera vez que estuve así, fue como un resort. Era un virus; y venía y dibujaba. Aquí, no. Creo que fui uno de los pacientes más graves cuando llegué. La operación fue como de cinco horas”, matizó.

Jorge Rodríguez, EL VOCERO

Laureado periodista reportando por más de dos décadas en EL VOCERO sobre los eventos de arte y cultura de Puerto Rico y el mundo.


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