Conquistas o prodigalidad

La dignidad del trabajo es una de las mayores satisfacciones del ser humano. La supera la convicción de hacerlo con altos niveles de excelencia.
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Foto: EL VOCERO/ Eric Rojas
Por Hugo Rodríguez Díaz 4:02 am

Los sindicatos han cumplido una función social muy importante. Gracias a muchos años de lucha han logrado que condiciones de injusticia laboral fueran superándose, frente a las empresas del capitalismo, cuyo único ánimo es el de lucro. A las concesiones que han obtenido le suelen llamar conquistas.

La dignidad del trabajo es una de las mayores satisfacciones del ser humano. La supera la convicción de hacerlo con altos niveles de excelencia. Quien ha recibido la felicitación de un cliente agradecido, o la palmada de un jefe que reconoce que sin la aportación de los comprometidos miembros del equipo no se hubiesen alcanzado las metas, sabe de lo que estoy hablando.

Condiciones de empleo justas, compensaciones adecuadas, talleres que garanticen la seguridad de las personas y respeto a la dignidad de los trabajadores, son imperativos, no solo del sistema jurídico, sino preceptos de humanidad insoslayables. Mi voz siempre servirá para defender estos principios y mi simpatía estará al lado de los trabajadores.

En estos días se discute una legislación que propone declarar una emergencia fiscal en el gobierno de Puerto Rico. Junto con la declaración se pretende recortar ciertos beneficios a los empleados públicos. La discusión nos ha enterado de bonificaciones y licencias de las que gozan los empleados de algunas corporaciones gubernamentales y del gobierno central, que rayan en la prodigalidad. Divisiones de trabajo irracionales, bonos que no se atan a productividad, licencias extravagantes y pagos disfrazados ofenden a quienes los pagamos a través de los impuestos y lastiman en su fuero interno ―aunque no lo admitan― la dignidad del que los recibe.

Varias cosas deben ser estipuladas. La primera es que el gobierno está en una crisis fiscal indiscutible. ¿Quiénes son los responsables? Todos lo sabemos, así que no hay que repetir que los gobernantes de los dos partidos principales deberían abochornarse debido al laberinto en el que nos metieron.

Lo segundo a estipular es que el gobierno no es una empresa capitalista. No podemos mirar la lucha que se libra como una entre un patrono que interesa maximizar una ganancia versus un grupo de trabajadores que luchan por participar de los beneficios que ayudan a producir. El gobierno nos pertenece a todos los puertorriqueños, incluyendo a esos trabajadores cuyos beneficios están hoy sobre el tapete.

El tercer punto sobre el cual no puede haber discusión es que no toda licencia otorgada es buena. Algunas no tienen razón de ser. No son “conquistas” del movimiento obrero, sino taras que los convierten en seres ineficientes. Se trata de abusos contra el dinero del pueblo y desmerecen la calidad no solo de los servicios que vienen obligados a rendir, sino también el mérito de ellos mismos como servidores públicos y su autoestima.

Respeto los beneficios serios que tiene el pueblo trabajador y aplaudo todo lo que redunde en la excelencia de nuestros empleados públicos. Pero por más que simpatizo con las luchas obreras, no puedo aplaudir la licencia del día del astronauta ni la colusión del enfermito.

Hugo Rodríguez Díaz

Abogado, escritor y colaborador de El Vocero


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