De ficciones y alucinaciones

"Por los pasados cincuenta años, desde el 1967 nuestro liderato político nos ha servido –cada diez años en promedio– de un manjar de mundos posibles creados a base de los deseos más indiscriminados"
estadidad
EL VOCERO / Archivo
Por José Castrodad, Ph.D 4:00 am

En el 1971, el autor Stanislaw Lem escribió la novela The Futurological Congress. Allí relató la historia siguiente:

Ijon Tichy despierta de un estado de suspensión animada en el 2098 y descubre que la gente comparte drogas que les induce a alucinaciones. De ahí que la gente vive en las fantasías como si les estuvieran sucediendo a ellos, aquellas que aparecen en la televisión y los espectáculos públicos creados por los líderes,

Tichy – por sí solo – descubre que este mundo de experiencias artificiales ha generado problemas que comparten todos los otros ciudadanos. Muchos de ellos, por ejemplo, han perdido permanentemente el sentido de la realidad, prefiriendo dedicar sus vidas a una realidad de ficciones y alucinaciones que los mantienen totalmente enajenados.

Al tiempo, Tichy comprende que estaba atrapado en un mundo en que lo peor de la humanidad había sido traído ante la gente. Como resultado, todo el mundo veía una utopía de lujos y de alto consumo, una bien desarrollada tecnología, mientras la economía, las finanzas, el ambiente social y la integridad física de la gente estaban a punto de colapsar.

Ahora, si miramos a nuestros alrededores, ¿no estamos nosotros atrapados en esa misma realidad de imágenes, espectáculos, extravagancia y alucinaciones?

Nadie niega que nuestra vida está a punto de colapsar y al igual como ocurría en la novela, en Puerto Rico, la economía, las finanzas, la educación, la energía eléctrica, el agua, la iglesia, están en un punto en que podemos decir que están también a punto de colapsar. Mientras, nos entretenemos consumiendo las ficciones y alucinaciones que nos ponen en el plato público.

Por los pasados cincuenta años, desde el 1967 nuestro liderato político nos ha servido – cada diez años en promedio – de un manjar de mundos posibles creados a base de los deseos más indiscriminados. En el menú se han posteado los alimentos de consumo siguientes: la Estadidad, la Independencia y el ELA mejorado/soberano, prometiéndonos que cada uno de ellos representa la solución mágica a nuestros problemas.

En el 1993 hubo otro plebiscito, cuyas definiciones entiendo son las más vigentes, porque las definiciones de plebiscitos posteriores fueron tendenciosas.

Con la Estadidad nos han ofrecido un status no colonial de plena dignidad política; oportunidad de progreso económico y político; preservación de nuestra cultura; garantía permanente de ciudadanía americana, dos idiomas, himnos y banderas; la capacidad de negociar los términos de la admisión, los cuales se someterán al Pueblo de Puerto Rico para su ratificación.

Con el ELA nos han ofrecido garantizar el progreso y la seguridad nuestra y de nuestros hijos dentro de status de plena dignidad política, basado en la unión permanente entre Puerto Rico y los Estados Unidos, consagrada en un pacto bilateral que no podrá ser alterado sino por mutuo consentimiento.

El menú incluye reformular la sección 936, asegurando la creación de más y mejores empleos; extender el Seguro Social Complementario (SSI) a Puerto Rico; obtener asignaciones del PAN iguales a las de los estados; y proteger otros productos de nuestra agricultura, además del café.

Ahora, parece que le añadirán el pago de nuestra deuda de 700 mil millones y la Soberanía.

La Independencia es otra Galípoli. Nos ofrece el derecho de nuestro pueblo a mandarse en su propia tierra; el disfrute de todos los poderes y atributos de la soberanía; Puerto Rico se regirá por una constitución que establezca un gobierno democrático, proteja los derechos humanos y afirme nuestra nacionalidad e idioma.

Además, la Independencia dará a Puerto Rico los poderes que son necesarios para lograr mayor desarrollo y prosperidad, incluyendo los poderes para proteger y estimular nuestra industria, agricultura y comercio, controlar la inmigración y negociar acuerdos internacionales que amplíen mercados y promuevan inversiones de otros países.

Y lo más sugestivo viene ahora. Un Tratado de Amistad y Cooperación con Estados Unidos y un proceso de transición a la independencia acordes con la legislación ya aprobada por la Cámara y los comités competentes del Senado federal dispondrán para: la continuación de beneficios adquiridos de Seguro Social, veteranos y otros; la ciudadanía puertorriqueña y la de Estados Unidos para quienes deseen conservarla; el derecho a usar moneda propia o el dólar; acceso libre al mercado de Estados Unidos; incentivos contributivos para la inversión norteamericana; aportaciones federales por igual cantidad que al presente durante al menos una década; y la eventual desmilitarización del país.

El plato regresa ahora una vez más.

Personalmente, le pido a mi pueblo que no caigamos en la confrontación entre imagen y realidad, esa que nos perpetúa como un pueblo dividido. Ocupémonos de no suscribir nada que mantenga viva la noria. Reclamemos un punto final. No permitamos que la ima­gen venga a sustituir la realidad esencial de que estamos en una especie de guerra civil que necesitamos concluir y ponernos a trabajar con nuestros problemas inmediatos porque, de no hacerlo, peligramos con despertar alucinando en el 2098 y hundidos en una aliena­ción circular que – podría aportar cierto placer visual y de disfrute, pero que en el fondo no resolverá nada como no ha resuelto hasta ahora.

José Castrodad, Ph.D

Periodista, educador y colaborador de El Vocero


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