Derechos civiles para todos

El nuevo campo de batalla de los derechos civiles es el de los reclamos de los homosexuales
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Por Hugo Rodríguez Díaz 4:02 am

Hoy nos escandalizaríamos si una pareja fuera acusada por el hecho de haberse casado. En el 1958 Richard y Mildred Loving fueron arrestados en Virginia. El certificado de matrimonio fue una de las piezas de evidencia en su contra.

¿Qué tenía de malo aquella unión? Un solo detalle: Richard era blanco y Mildred negra, y una ley de 1924 hacía delito los matrimonios interraciales. Ambos fueron convictos.

Luego de trámites que no son pertinentes, el caso fue atendido por el Tribunal Supremo de los Estados Unidos. La pareja tuvo que esperar nueve años para que la corte declarara que la ley de Virginia era nula, por violar la constitución. Loving v. Virginia, 388 U.S. 1 (1967).

Al margen de los enjundiosos argumentos constitucionales que se esgrimían en el caso, Richard dijo a su abogado Bernard S. Cohen un mensaje contra el cual ninguna ley, alegato o discurso podía prevalecer: “Dígale a los jueces que yo amo a mi esposa y es injusto que no pueda vivir con ella”.

Ha pasado escaso tiempo desde entonces. Cuatro décadas son nada en la historia de un país. Los argumentos que se utilizaban en favor de prohibir los matrimonios de personas de razas diferentes hoy nos resultan absurdos e irracionales. Y es que lo son, pero imaginemos que hace tan poco había gente que no se sonrojaba al enarbolarlos.

El nuevo campo de batalla de los derechos civiles es el de los reclamos de los homosexuales. En Arizona, la gobernadora acaba de vetar una legislación que permitía a dueños de comercios negar servicios por razones religiosas a personas homosexuales. Lo sorprendente de la noticia no es el veto, sino que haya habido una legislatura capaz de aprobar semejante discrimen.

Puerto Rico no está ajeno a las escaramuzas legales sobre el tema. Hace exactamente un año, el Tribunal Supremo de Puerto Rico resolvió que una persona puede adoptar a los hijos de su compañero consensual, a menos que la relación de ambos sea homosexual. Ex parte A.A.R, 2013 T.S.P.R. 16. La niña podía seguir viviendo con la madre y su pareja mujer, quien seguiría compartiendo afectos, vivencias y aceptando responsabilidades sobre la menor. Sin embargo, esa menor no podía recibir los beneficios de una filiación por adopción, con todos los derechos que ello apareja. Distinto hubiese sido, si quien hubiera pedido la adopción fuera un parejo varón de la madre.

La historia camina ligero. A veces más rápido que las instituciones Nuestro pueblo se moverá con las corrientes progresistas para reconocer iguales derechos para todos. No habrá que esperar décadas para que los argumentos que hoy se blanden en contra de los derechos de los homosexuales, se escuchen a oídos de todos como una aberración anacrónica. A los legisladores y jueces que nadie se ha encargado de enterarlos del siglo en que viven, la historia les pasará por el lado. Después de todo, no hay argumento leguleyo que pueda contra el mensaje que Richard le encomendó a su abogado y que seguirá vigente a través de los tiempos.

Hugo Rodríguez Díaz

Abogado, escritor y colaborador de El Vocero


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