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Desigualdad económica matrimonial

La opresión producto de la desigualdad económica sexista se perpetúa en la inequidad en los salarios
mujeres
Por Katherine Angueira Navarro 4:03 am

El Día Internacional de la Mujer Trabajadora, conmemora la lucha incesante de nosotras las mujeres por mejores condiciones en los talleres de trabajo. La recordación de las trabajadoras que murieron atrapadas en un fuego en la industria de la aguja en Bajo Manhattan, en la Ciudad de Nueva York a principios de Siglo XX, marca un hito en la historia para que reclamemos el respeto a la vida y dignidad. 

Al día de hoy, persiste la lucha por nuestro derecho a salir de las filas de la esclavitud sexual para nuestra sobrevivencia económica. La opresión producto de la desigualdad económica sexista se perpetúa en la inequidad en los salarios en talleres en que el trabajo se remunera, como en instituciones sociales como la familia. 

El trabajo en el hogar de la mujer, como su participación activa en levantar un negocio con el cónyuge que logró titularse por los esfuerzos de ésta, no se valoriza económicamente hacia recibir ni un salario, ni una pensión para su retiro en su vejez. Se pretende invisibilizar su aportación económica a dicho enclave empresarial ‘de su cónyuge’, cuando realmente es de ambos, como un acto de ‘amor y entrega’.

La procreación, crianza, cuido de menores, y familiares enfermos no se valora como trabajo que amerite que el ‘patrono’, aporte hacia la seguridad económica para que en la vejez se reciba una pensión vitalicia digna. La mujer que quedó atrapada en el sistema económico sexista dedicándose al trabajo en su hogar, está condenada a toda suerte de vejamen para evitar un divorcio o condenada al empobrecimiento cuando quede literalmente en la calle. 

Justo cuando pensaba disfrutar en su vejez de su trabajo que aportó hacia el fruto del desarrollo profesional de su esposo, por el discrimen por razón de género que persiste en los tribunales,  al divorciarse le quitan la alfombra debajo de sus pies en un acto de crueldad y humillación sexista. El discrimen por razón de género, se entrecruza con el discrimen por razón de edad, incluso para intentar incorporarse al mundo del trabajo.

El reclamo de la judicatura a no trastocarse sus pensiones, para ejercer su criterio jurídico “durante su gestión libre de preocupaciones económicas al momento de su retiro y que al fallecer, tenga la tranquilidad de que su viuda e hijos menores queden adecuadamente protegidos”, les obliga a revisar el alcance de la jurisprudencia sexista que al día de hoy se aplica de forma discriminatoria para delimitar el derecho que las mujeres reciban una pensión para su retiro a partir del trabajo realizado, no solamente en el hogar, sino en la aportación que ello representa hacia la obtención de una licencia y desarrollo profesional de su cónyuge. 

No solamente fueron explotadas al no recibir un salario, sino que al momento de divorciarse, a diferencias de las ‘viudas’  de los jueces, se pretende aniquilar la posibilidad de recibir una pensión para su retiro acorde con el esfuerzo  y años de servicio que invirtió hacia el desarrollo de su cónyuge.  Hay que revocar la noción anacrónica sexista de la explotación a que no se compense “por sus sacrificios en términos de su colaboración, esfuerzo y aportaciones tales como dedicarse al hogar, criar hijos, hacerle gestiones en la universidad a su marido, etc…” “los cónyuges están obligados a vivir juntos, guardándose fidelidad y socorrerse mutuamente”… “los cónyuges deben protegerse y satisfacer sus necesidades mutuamente en proporción a sus prospectivas condiciones y medios de fortuna.”… “Sus sacrificios, esfuerzos, apoyo moral y cualquier otra ayuda brindada a su marido es lo que se espera de los cónyuges. 

Rechazamos la visión que asemeja el matrimonio a una profesión. Ella es contraria a su esencia y a la dignidad humana.¨ Ni tan siquiera se le devuelve la totalidad del dinero que la esposa aportó trabajando fuera del hogar para la educación del marido, sino que su “consorte es acreedor a la mitad de las aportaciones efectuadas con dinero ganancial para la consecución de tal título”. (Díaz v Alcalá, 140 DPR 959, 1996). 

 La aplicación de la jurisprudencia es discriminatoria ya que la plantilla socio-económica en la cual se aplica son circunstancias de desigualdad. El “sacrificio” negando su desarrollo profesional recae sobre la mujer, entregándolo al servicio del desarrollo de su esposo,  y no al revés. El “desprendimiento y abnegación”  recae en la mujer.  Así que a diferencias de la opinión de Fuster Berlingeri (Ibid), si hay que “desnaturalizar la institución matrimonial”, para que se valore económicamente el trabajo de la mujer en el hogar, rompiendo las cadenas de la esclavitud, so color de la “solidaridad y afecto conyugal”.    

Katherine Angueira Navarro

Psicóloga Social-Comunitaria


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