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Golpe a diestra y siniestra

Una degradación de bonos afectaría directamente la cotidianidad de los boricuas en tareas tan simples como el mantenimiento la obra pública o complicadas como la planificación financiera de toda una generación de profesionales que trabajaron por una mejor calidad de vida.
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Por Alana Álvarez Valle, EL VOCERO 4:30 am

Una degradación al crédito del Estado Libre Asociado (ELA) representaría un estigma nocivo sobre Puerto Rico que por cerrarle las puertas al mercado se afectarían los servicios gubernamentales a la ciudadanía, la inversión en obra pública, el mantenimiento de edificios, carreteras e instalaciones públicas, además del turismo, los instrumentos de retiro y la necesidad de reducción de gastos como la nómina. Pero sobre todo sería un golpe al sentimiento patriótico.

Economistas, banqueros, analistas y especialistas en el mercado de bonos aseguraron a EL VOCERO que los efectos de una degradación no se sienten de inmediato en el pueblo, si no en el Gobierno y sus obligaciones de repago de deuda. No obstante, sí se sentiría en el clima de inversión y el ambiente económico general.

“Una degradación no afecta a nadie el mismo día que ocurre. Es más una percepción porque crea mucha publicidad negativa. Ese estigma de manera gradual afectará la sensación para hacer negocios y para visitar. El turismo se afectaría de manera marginal”, comentó Robert Donahue, analista de los bonos municipales de Nueva York. “Nada pasa de inmediato, pero la ciudadanía sí sentiría un golpe al patriotismo. No habrá confusión inmediata, pero en seis meses o un año, como se necesita pedir prestado para cuadrar el presupuesto el Gobierno tendrá que recortar sus gastos y eso afectará la calidad de los servicios que se ofrecen”, continuó.

La casa acreditadora Moody’s Investor Service emitió en diciembre un alerta al crédito del ELA con unos puntos clave para atender con prontitud. Tradicionalmente luego de un alerta de este tipo, la organización toma 90 días para analizar y emitir un informe que —en el caso de Puerto Rico— pudiera resultar en una degradación hasta el nivel especulativo o chatarra.

Donahue indicó que una degradación significaría menos llegada de capital al País junto con el hecho de que el Gobierno tiene que saldar algunos instrumentos que por su condición exigen pago inmediato. Por tal razón la reducción de gastos es lo primero que se implementa.

“Menos gente presta, hay menos dinero y más manos buscándolo. Es un conflicto serio. El gobierno siempre tiene que velar por la seguridad, por lo que los bomberos y la policía no se afectarían. Sí podría emitir IOU’s (vales de deuda) a los empleados públicos. Esto es en el peor de los casos”, especificó Donahue, quien ha analizado situaciones complicadas como la reciente quiebra de Detroit.

Por su parte, el economista Antonio Rosado recalcó que el impacto de la política fiscal del Gobierno se siente a diario en el deterioro de las carreteras y los edificios públicos, porque “el dinero que se pide prestado lo usan para pagar gastos del gobierno”.

“El Gobierno tiene que recortar gastos operacionales para pagar la deuda o baja la compensación de los empleados o sale de los gastos. Los que tienen inversiones en cuentas IRA o en fondos 401K en bonos de Puerto Rico lo van a sentir. La infraestructura se deteriora, porque no se puede coger dinero prestado para darle mantenimiento a las instalaciones ni para invertir”, sostuvo Rosado.

El economista argumentó que esta crisis es la acumulación de las malas políticas de los pasados gobernantes desde la Reforma de Salud de Pedro Rosselló, cuando el sistema no tenía capacidad para sufragarlo, el retiro de $1,000 millones del Banco Gubernamental de Fomento por parte de Sila M. Calderón para el proyecto de Comunidades Especiales, para mencionar algunos ejemplos. “Llevamos años experimentando lo que sería una degradación. (Si sucediera) habría mayores congestiones para obtener servicios y la gente pagaría menos de agua y de energía eléctrica porque comienzan a recortar gastos para protegerse”, reiteró Rosado.

Un especialista en mercados de inversión que prefirió no ser identificado, coincidió en que no se podrán hacer mejoras a la infraestructura como en carreteras, semáforos fundidos, pobre servicio municipal, entre otros.
“En las inversiones, el efecto mayor es en la pérdida del valor de los bonos locales, que sin la degradación ya se mercadean a valores deprimentes y aquellas entidades que trabajen este tipo de inversión tienen que determinar que van a hacer con las mismas, afectándose la banca, los seguros e instituciones de todo tipo. Tendría un impacto de reajuste en los mercados y afectaría el mercado de bonos por completo, el cual se trata de uno de $3.75 trillones”, declaró.

De igual forma, Arturo Carrión, vicepresidente ejecutivo de la Asociación de Bancos de Puerto Rico, detalló que la banca local también se perjudicaría.

“Una degradación reduciría la capacidad que tendría la banca para prestar al público general. Con una degradación se afecta toda la economía. Se perderían empleos, se reduce la inversión, y la capacidad de generar ingresos por parte del fisco. Al reducirse la fuente de repago del Gobierno, éste pierde su capacidad para ofrecer incentivos para atraer la inversión. Se trata de un efecto cascada, que trastoca a toda la economía”, subrayó Carrión.

Ileanexis Vera Rosado colaboró con este artículo.


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