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El castigo del mentiroso

La pérdida de credibilidad de la presente administración sigue costándole malamente a Puerto Rico.
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Por Robert Rivera, Abogado 4:06 am

Decía Aristóteles que “el castigo del mentiroso es que no se le crea aún cuando diga la verdad”. Este refrán describe muy bien el gran problema que tiene el gobierno de turno en Puerto Rico, producto de sus propias acciones, omisiones, mentiras y decisiones erráticas.

De hecho, el problema está en que dado su historial, el pueblo llegó a un punto donde piensa que el gobierno actual no es capaz de decir la verdad sobre asuntos que nos afectan y las medidas que toma para atenderlos, y en cambio recibe con sospecha cada expresión o anuncio que realiza, pensando de antemano que puede estar ante otra tomadura de pelo y que terminará por ejemplo, recibiendo otro golpe en su bolsillo. Esto porque cada vez que el gobierno de turno dice que salvó sus finanzas, termina arruinando las del pueblo y empeorando nuestra situación socioeconómica.

La pérdida de credibilidad de la presente administración sigue costándole malamente a Puerto Rico. Y lo menos que necesitan los pueblos, en medio de crisis como la nuestra, son gobiernos o funcionarios que traten de tomarles el pelo, insultando su inteligencia, inventando realidades que realmente buscan tapar su incompetencia y fracasos.

Los engaños que minan la credibilidad del gobierno abundan, siendo el más reciente la alegada creación de sobre 50,000 empleos cuando las propias ‘carpetas’ que preparó el gobierno para tratar de sustentarlo evidenciaron lo contrario, según reseñaron medios noticiosos. De hecho, estadísticas recientes del gobierno federal reflejan que realmente, bajo la presente administración, Puerto Rico ha perdido sobre 40,000 empleos y que nuestro desempleo sigue por las nubes, duplicando el promedio de Estados Unidos y muy por encima del estado de la Unión con el menor nivel de desempleo.

Este anuncio ficticio se une a otras tomaduras de pelo como la promesa de bajar el IVU, el alegado punto de inflexión de nuestra economía cuando está en picada; el retiro de maestros a quienes se les dijo que no había proyecto de reforma y horas después se radicó uno que aprobó la legislatura a la ligera en vísperas de Navidad y que no se sostuvo constitucionalmente; la llamada ‘reforma energética’ que terminó siendo una burla al pueblo; y los alegados ‘cuadres’ presupuestarios sin reducción de gastos significativas y que superan al último presupuesto de la pasada administración.

De hecho, las acciones de la presente administración han ocasionado más degradaciones del crédito del Gobierno de Puerto Rico y que continúe perdiendo su credibilidad. Esto por su mala práctica de hacer falsas representaciones, retrasar la publicación de informes como el Índice de Actividad Económica, cambiar unilateralmente reglas, obligaciones y acuerdos, como permitirá la ley de ‘quiebra criolla’, con los que se había comprometido para pagar el dinero que le prestaron entidades, de buena fe y conforme las leyes que juró defender este gobierno, que permitieron realizar aquí obras de infraestructura y atender necesidades públicas.

O sea, el gobierno ahora se comporta como el que hace un préstamo al banco para construir una casa y luego por sus pantalones quiere pagarlo a su manera, si es que paga, y más aun, se pone como guapetón de barrio con las agencias de reporte de crédito que determinan que su empírica crediticia está por el piso por mala paga y por incumplir obligaciones.

El propio gobierno se ubicó en una posición difícil que amenaza nuestro desarrollo. Para recuperar la credibilidad y confianza que ha perdido en y fuera de Puerto Rico, se necesita un plan, liderazgo y la capacidad para rescatar a nuestro pueblo del abismo donde ha sido empujado.


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