El fundamentalismo como desorden mental

En el independentismo, el concepto albizuista de ‘Yankees o puertorriqueños’ es un fundamentalismo que no tiene cabida en el Puerto Rico de ahora
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Por Mario Ramos Méndez 4:02 am

Una nueva teoría se desarrolla en el campo de la neurociencia: el fundamentalismo como desorden mental. Según la Dra. Kathleen Taylor, investigadora y profesora de neurociencia en la prestiosa Universidad de Oxford, el fundamentalismo religioso pudiera ser identificado próximamente como un desorden mental tratable, o curable, como si fuera una enfermedad.

Sin embargo, el fundamentalismo religioso no es el único con carta de ciudadanía de esta especie de desorden. Para la investigadora, las creencias espirituales y las ideas filosoficas, que campean en la mente de personas fanáticas, llenas de odio hacia el pensar divergente, están en la misma categoría. Incluso, el culto a la ideología y modos únicos de ver y entender la realidad, excluyendo formas alternas y plurales, caen dentro de la categoría que ella, por su extensa y profunda investigación, ha encontrado.

Autora de libros como ‘Brainwashing: The Science of Thought Control y The Brain Supremacy: Notes from the Frontiers of Neuroscience’, y artículos en revistas altamente especializadas, la Dra. Kathleen Taylor, ha creado controversia en círculos científicos por su exótica teoría.

La religión, la política, el concepto del patriotismo, como otras plataformas sociales de amplitud excesiva y acaparadoras de significados y significantes, que establecen una relación binaria y adversativa, dentro de un mundo de fantasía de ‘nosotros vs ellos’, ‘los buenos vs los malos’ pueden ser catalogadas por la neurociencia en un futuro cercano, como desordenes de la mente. Ese fundamentalismo produce en la gente un insaciable deseo por las relaciones conflictivas producto de la inflexibilidad en el pensar dentro de cada una de estas categorías, y a su vez crean todo un código de orden moral donde las personas son éticas por las coincidencias en ideas y concepciones sobre la realidad y del país donde viven.

En nuestra realidad social, utilizando como marco de referencia y categoría epistemológica la teoría de la Dra. Taylor, encontramos multiplicidad de fundamentalismos. Algunos viven como islas dentro del espectro social puertorriqueño.

En el aspecto religioso, las religiones de orden pentecostal, que se distinguen por su peculiar interpretación del texto bíblico, no son las únicas que exhiben caracteres de fundamentalismo. La Iglesia Católica y su irrisorio líder, el Arzobispo de San Juan, manifiestan un fundamentalismo excluyente de toda divergencia dentro de la iglesia misma. El concepto elaborado de Dios, Patria y Nación es un fundamentalismo con caracteres de ideología política y xenofobia cultural.

En el campo político el fundamentalismo es exuberante. En todas las corrientes ideológicas vemos este fenómeno. En el independentismo, el concepto albizuista de ‘Yankees o puertorriqueños’ es un fundamentalismo que no tiene cabida en el Puerto Rico de ahora, aunque se sigue repitiendo cuando la realidad actual es un mosaico comparado con los años treinta del siglo pasado.

El popularismo es una amalgama de fundamentalismos y contradicciones. El movimiento estadista tiene en el rossellismo un fundamentalismo de orden político. En el pasado se vieron síntomas de enajenación mental cuando su líder Pedro Rosselló fue catalogado de Mesías y salvador de la patria.

Nuestra historia está plagada de múltiples fundamentalismos; religioso, político, cultural. Ninguno reconoce la aceptación ni dignidad del otro. Quizás, sea esto una explicación plausible para la falta de entendimiento y diálogo que, como subcultura, de hace décadas existe entre nosotros mismos.


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