Es mejor educar…

Estamos conscientes de los méritos de las iniciativas presentadas por la representante y compartimos sus preocupaciones. Pero los fondos que requieren estas o futuras medidas no deben descansar en cargas adicionales
BeFunky_Resources.jpg
Por Redaccion, EL VOCERO 4:05 am

Los proyectos de ley que presentó esta semana la representante Luisa ‘Piti’ Gándara, sin lugar a dudas, son loables y tienen sus méritos. Y no es para menos. En momentos en que escasean medidas legislativas que se traduzcan en beneficios directos al pueblo, propuestas dirigidas a ampliar las oportunidades y condiciones de nuestra niñez, siempre merecen justo espacio para análisis.

Se trata de una serie de medidas que busca crear un fondo especial que sería utilizado, exclusivamente, para implementar  recomendaciones del Consejo Multisectorial del Gobernador para la Niñez Temprana.

No obstante, ese fondo se nutriría de un impuesto a los refrescos que implicaría un costo de 14 centavos adicionales por cada litro. Además, propone que los restaurantes de comida rápida ofrezcan botellas de agua como parte de los combos sin que represente un costo adicional para el consumidor.

El impuesto a los refrescos no es ajeno a los fabricantes y distribuidores de tales productos, ya que ha sido considerado por la Legislatura en el pasado. Pero no se puede despachar el asunto con simplemente aseverar que el consumo de la bebida carbonatada con azúcar es nocivo para la salud y por eso hay que gravar el producto. Conlleva un poco más de pensamiento porque el remedio no debe ser peor que la enfermedad.

Conocedores de la materia ya han estipulado que un ‘refrescazo’ tendría un efecto regresivo y que los efectos sobre nuestra maltrecha economía serían contraproducentes. Es decir, estamos hablando de un impuesto a las empresas refresqueras que, inevitablemente, se traduciría en otro golpe al bolsillo del consumidor.

En ese sentido, nos hacemos eco de las palabras del secretario general del Partido Independentista Puertorriqueño, Juan Dalmau, en el sentido de que, si el propósito es desalentar el consumo de refrescos, existen otros medios y opciones para cometer tal objetivo.

El mero asomo de otro impuesto, sea a quien sea, sugiere mayores dolores de cabeza y la impresión de que la Legislatura aún no ha terminado de trastear las alcancías del reducido grupo de empresarios e individuos que cargan sobre sus hombros el mayor peso contributivo de nuestro sistema. Ese es, precisamente, el puñado de contribuyentes que aun no acaba de superar las imposiciones que han tenido que asumir en los pasados meses.

Bajo la premisa de las medidas que presenta la representante, habría que entender: Por qué, entonces, no se le impone un mayor gravamen a las bebidas alcohólicas, al cigarrillo, a los establecimientos que venden estos productos a menores, etc…

Que se haga un reclamo al Departamento de Hacienda y a la Oficina de Gerencia y Presupuesto para que se reasignen recursos que atiendan esta legislación.

Por qué no se solicitan fondos federales, que en muchas ocasiones se pierden porque no se solicitan a tiempo o se utilizan inadecuadamente.

Más allá de establecer impuestos adicionales, probablemente lo que requiere el conjunto de medidas es política pública que incentive y eduque sobre los beneficios de consumir alimentos saludables, incluyendo otras bebidas, como agua, por ejemplo. Lo último se puede propiciar mediante alianzas con empresas distribuidoras de ese preciado líquido para que contribuyan en este esfuerzo.
 
En cuanto a la medida que obliga a los restaurantes de comida rápida a ofrecer botellas de agua como parte de los combos, también sugiere la interferencia del Gobierno en las estrategias operacionales del sector privado. No obstante, cabe destacar que existen varios establecimientos que ya honran tal ofrecimiento de modo voluntario. Debe prevalecer la libre competencia –naturalmente bajo los parámetros legales y de sana competencia que rigen en Puerto Rico-, por lo que dictarle a nuestros comerciantes, grandes o pequeños, cómo y cuándo vender su producto, entorpece ese firme principio.  

Estamos conscientes de los méritos de las iniciativas presentadas por la representante y compartimos sus preocupaciones.  Pero los fondos que requieren estas o futuras medidas no deben descansar en cargas adicionales. El pueblo no aguanta más desembolsos; de ningún tipo, vengan de donde vengan. Mejorar la calidad de vida de nuestros niños y adultos no se logra imponiendo, sino educando. 


Noticias Relacionadas

Nuestras Voces


Nuestras Voces

Subir