Evangelio

Entonces si profundizamos en la palabra tenemos que llegar a la conclusión que todos los que creemos en Dios debemos por obligación ser “evangélicos” es decir mensajeros de bien.
Evangelio
Por Wilfredo Peña Moredo 4:10 am

La palabra Evangelio se deriva del latín evangelium y este del griego – buena nueva- bien y mensajero. Notemos que la palabra es un compuesto según su origen griego ‘mensajero de bien’. Los primeros cristianos predicaban el ‘Evangelio ‘es decir la buena noticia o mejor dicho la buena nueva’.

Entonces si profundizamos en la palabra tenemos que llegar a la conclusión que todos los que creemos en Dios debemos por obligación ser “evangélicos” es decir mensajeros de bien. Es lamentable conocer y escuchar a tantas personas que se llaman cristianos y que toda su vida es un lamento. Son aquellos que se sientan a contemplar y quejarse por el vaso a medio vacío y no se dan cuenta de la otra mitad llena. Reparan una y otra vez en lo que no se puede hacer. De todo lo malo que se hace y nunca traen noticias de lo bueno que sucede y de cuantas personas en el mundo se dan al máximo para que este planeta sea un lugar mejor para vivir. Esta penosa situación se hace más dramática cuando la persona se llama a si misma cristiana. Es una gran contradicción pues el cristiano(a) por su propia naturaleza es un portado de buenas noticias. Su vida habla de esperanza, de posibilidades de amor, de restauración y de paz.

No hay nada por muy malo que sea que Dios no perdone a un pecador arrepentido. De las páginas más hermosas de la Biblia esta la parábola del hijo prodigo. Lc.15: 11-24.

En esta las palabras del papá a su hijo después que este se fue y derrocho su herencia son un antídoto para todo aquel o aquella que piensa que él o ella ya no tienen perdón: ¡Vamos a comer y a hacer fiesta! Porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a vivir, se había perdido y lo hemos encontrado Y comenzaron a hacer fiesta. Lc. 15: 23-24. Toda la narración dirige la atención a la buena nueva de la bondad y la misericordia de Dios. Dios es bueno y no quiere la muerte del pecador sino que viva. Quizás estas reflexiones parezcan muy religiosas. Pero estoy convencido de que son precisamente estas palabras las que el mundo necesita escuchar. Karl Max en su manifiesto dice que la religión es el opio de los pueblo. En su tiempo el opio era la droga en uso. Pero hay que ver todo el dolor, sangre, desespero y miseria que trajo su remedio para el opio de los pueblos. No hay un solo país donde haya imperado el marxismo que pueda decirse que tenga esperanza y paz. Todo se resume en el odio entre las clases y el control de unos poco sobre todos con la fugaz esperanza del paraíso del proletariado. Por el otro lado el materialismo capitalista también despliega sus velas para ofrecer una buena nueva de felicidad. El resultado está aquí entre nosotros. Unos pocos con mucho mientras otros escasamente llenan sus necesidades. Tanto tienes, tanto vales. Cuando ya no produces como el sistema quiere ya no tengo más necesidad de ti. Sistemas que pretenden traer buenas noticias cuando no tiene la capacidad de ofrecerlas.

Es ahí donde el ser humano iluminado por la luz del Divino Creador se da cuenta de que es una hermosa obra que viene a este mundo para ser constructo del bien. Es el ser humano en sí mismo la buena nueva. Porque él o ella es un ser redimido, salvado, restaurado. Que mejor testimonio de ello los miles y miles de hombres y mujeres restauradas del alcoholismo a través de Alcohólicos Anónimos A, y otros muchos a través de grupos de apoyo.

O tantos otros que sacan de las calles y asisten a personas sin hogar. Estos son los portadores de la buena nueva de Dios. Son los evangelios: Los mensajeros del bien. Todo aquel hombre y mujer que con fe, esperanza y amor se dan por entero para que la verdad reine, la esperanza triunfe y el amor reine es un portavoz del Dios de la vida que vino para que tuviéramos vida, y la tuviéramos en abundancia. Jn.10:10

Es por eso que debemos ser hombres y mujeres de evangelio, mensajeros del bien. De la buena noticia. No estamos solos ni abandonados, Dios camina con nosotros, nos acompaña y sostiene. Y aquel que lo proclama con palabra y con la vida es un evangelio vivo. Un portador de la buena noticia de Dios.

Wilfredo Peña Moredo

Párroco Iglesia Santa Bernardita


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