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Fallece ex presidente venezolano

Desde hace casi dos décadas el gobernante evitó cualquier contacto con la prensa
presidente
Por AP 9:44 am

CARACAS, Venezuela — El ex presidente Jaime Lusinchi, quien maniobró a lo largo de su mandato para mantener una alta popularidad pese a los altos niveles de inflación que caracterizaron su gobierno, su imagen tolerante ante la corrupción y denuncias de coaccionar a periodistas críticos, falleció ayer. Tenía 89 años.

“Con dolor participamos que acaba de fallecer nuestro compañero ex presidente de la República de Venezuela Jaime Lusinchi. ¡Paz a su alma!”, anunció Henry Ramos Allup, secretario general del partido Acción Democrática (AD) a través de su cuenta en la red social de Twitter.

Alvaro Lusinchi, hijo del ex mandatario, había informado que su padre padecía de una severa enfermedad pulmonar y que se encontraba recluido en una clínica privada de Caracas, se informó.

Familiares y compañeros de su partido Acción Democrática no estuvieron disponibles de inmediato para comentarios.

Nacido en el estado oriental de Anzoátegui en 1924, Lusinchi en su juventud estuvo en prisión por ser un arriesgado opositor de los regímenes dictatoriales que dominaron más de la mitad del siglo XX en Venezuela.

Entró en la política a la edad de 15 años en las filas del Partido Democrático Nacional (PDN), una organización ilegal creada en 1937 por Rómulo Betancourt, uno de los padres de la democracia Venezuela, para oponerse al régimen del general Eleazar López Contreras, el heredero político del dictador Juan Vicente Gómez, quien gobernó desde 1908 hasta su muerte en 1936.

El PND dio paso tres años después al partido Acción Democrática (AD), organización constituida entorno a la candidatura presidencial del escritor costumbrista Rómulo Gallegos.

Graduado en 1947 como médico cirujano en la Universidad Central de Venezuela, siempre se destacó como activista político, primero desde las aulas, y luego en su estado natal. En 1948 fue elegido presidente del Consejo Municipal del distrito Freites de Anzoátegui y presidente de la Asamblea Legislativa estatal, así como secretario regional de AD.

Tras el derrocamiento de Gallegos, Lusinchi se vio obligado a desarrollar actividades políticas en la clandestinidad, en paralelo a su labor como médico en un pequeño hospital rural.

En 1950 fue uno de los organizadores de la huelga nacional de trabajadores petroleros. Luego de varias detenciones se trasladó a Caracas y se empleó como médico de urgencias y tomó parte en los esfuerzos de AD, coordinados por líderes en el exilio para crear comandos urbanos o células de resistencia a la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez.

En 1952, fue capturado y encarcelado sin cargos en los calabozos de la Seguridad Nacional, la policía política del régimen militar donde sufrió maltratos.

Varias semanas después quedó en libertad y dejó el país en un exilio que se prolongó cinco años, que lo llevó a Argentina, Chile y Estados Unidos.

En Buenos Aires y Santiago realizó cursos de postgrado en pediatría. En la capital chilena se desempeñó como médico en el hospital Roberto del Río e hizo amistad con destacadas figuras de la política local, como el democristiano Eduardo Frei y el socialista Salvador Allende, futuros presidentes de Chile.

Tres años después se trasladó a Nueva York, en donde se estableció la dirección de AD en el exilio, con Betancourt a la cabeza. A la par ejerció la pediatría en el Lincoln Hospital y el University Bellevue Medical Center, llegando a acceder a la Academia Americana de Pediatría.

Tras la caída de Pérez Jiménez y la instauración de la democracia en 1958, Lusinchi y otros exiliados regresaron a Venezuela.

Entre 1958 y 1978 fue electo diputado y entre 1979 y 1984 fue senador por Anzoátegui.

En marzo de 1981 por consenso fue electo secretario general de AD, lo que le abrió la puerta a la nominación presidencial. En 1983, Lusinchi ganó la presidencia con 52,9% de los votos sobre el ya fallecido ex presidente Rafael Caldera (1969-1974) y (1994-1999), quien buscaba la reelección por primera vez.

En sus primeros años de gobierno Lusinchi se labró la imagen de un presidente comedido, empeñado en reactivar la economía, reducir la deuda externa, estabilizar el mercado de cambio que estaba restringido y en proteger a los sectores más desfavorecidos de la población con subsidios. Pero sus logros fueron escasos y su administración acabó en un rotundo fracaso en parte por la sostenida caída de los precios del petróleo, principal fuente de ingresos del gobierno.

En 1986, la situación financiera del país se hizo insostenible, obligando a Lusinchi a devaluar el bolívar 93% del cambio oficial y con las reservas internacionales carcomidas renunció a cubrir el servicio de la deuda externa que entonces era de 32.000 millones de dólares.

Para salvaguardar su imagen y mantener el apoyo de los electores, paralelamente, adoptó una serie de medidas entre las que estaba un aumento general de sueldos y salarios, aplicó controles de precios, elevó la emisión de moneda y desarrolló una amplia política de bonos compensatorios y subvenciones. Las consecuencias fueron inmediatas, la inflación se disparó, las reservas internacionales cayeron a su nivel histórico más bajos y aumentó drásticamente el déficit presupuestario.

Las medidas populistas adoptadas, sin embargo, le permitieron al mandatario mantener altos índices de popularidad, pese a ser visto como tolerante con la corrupción, enfrentar la polémica desatada por su relación sentimental con su secretaria privada Blanca Ibáñez, quien tuvo una exagerada presencia en los actos de gobierno, y el posterior divorcio de su esposa desde 1941, Gladys Castillo.

Tampoco hicieron mella en la popularidad del gobernante las acusaciones de coaccionar a medios críticos mediante el otorgamiento de la publicidad oficial y demoras en el otorgamiento de divisas para la adquisición de papel y otros insumos necesarios para el funcionamiento de los medios. Esto particularmente lo vivió la televisora privada RCTV, que fiel a su estilo de confrontar a los gobernantes, fue por años una voz solitaria en el sector dispuesta a criticar al gobierno de Lusinchi.

Terminado su período presidencial, las distintas investigaciones de legisladores de los casos de corrupción ocurridos durante su mandato acabaron por manchar irreversiblemente la imagen del ex presidente.

Lusinchi fue acusado de traficar con influencias en la concesión de privilegios financieros en el otorgamiento de dólares preferenciales, malversar fondos públicos y por el uso indebido de partidas de organismos públicos en la campaña electoral de 1988, comicios en el que salió victorioso el también socialdemócrata Carlos Andrés Pérez, que ocupó dos veces la presidencia (1974-79 y 1989-93).

En 1991 el Congreso, dominada mayoritariamente por miembros de su partido aprobó una “condena política y moral” que no tuvo consecuencias penales. Dos años más tarde, la Corte Suprema de Justicia autorizó la apertura de un proceso judicial y admitió el levantamiento de su inmunidad como senador vitalicio.

Ante su inminente detención, Lusinchi a escondidas dejó el país y se estableció en Costa Rica, donde se encontraba exiliada Ibáñez, con quien contrajo matrimonio luego de su divorcio.

En 1994 y 1997, un tribunal especial para los casos de corrupción administrativa declaró prescritas las causas contra el ex jefe de Estado, alegando que no fue llevado a juicio en el plazo de cinco años después del fin de su mandato. En 1999, la Corte Suprema revocó ambas prescripciones.

A finales de 2009, Lusinchi regresó a Venezuela meses después de sufrir complicaciones de una úlcera gástrica que lo obligaron a ser tratado de emergencia en un hospital de la ciudad estadounidense de Miami.

Desde hace casi dos décadas el gobernante evitó cualquier contacto con la prensa.

AP

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