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Ganamos una medalla, ahora falta nuestra estrella

"...dicha medalla se reserva exclusivamente para condecorar a ciudadanos, funcionarios, grupos o eventos trascendentales para la Nación".
medalla
Por Robert Rivera, Abogado 4:00 am

La concesión de la Medalla de Oro Congresional como reconocimiento al extenso y excepcional historial de servicio de los miembros del Regimiento 65 de Infantería del Ejército de Estados Unidos, conocidos también como los ‘Borinqueneers’, será un acto significativo, histórico y de justicia para miles de boricuas que han servido en misiones de combate y humanitarias alrededor del mundo. Esto considerando que dicha medalla se reserva exclusivamente para condecorar a ciudadanos, funcionarios, grupos o eventos trascendentales para la Nación. De hecho, desde 1776 hasta el presente se han otorgado aproximadamente 300 medallas de este tipo, siendo Roberto Clemente el único hispano reconocido con este galardón.

Ahora bien, este merecido y trascendental reconocimiento congresional, encaminado gracias a un proyecto del comisionado residente Pedro Pierluisi y del Congresista republicano de Florida Bill Posey, unido al esfuerzo de organizaciones y ciudadanos que venían reclamándolo, no puede quedar como un mero acto simbólico de agradecimiento y exaltación. La concesión de la Medalla tiene que darle paso a la verdadera condecoración que los puertorriqueños, militares y civiles, esperamos desde hace más de 100 años, ganada con nuestras aportaciones, esfuerzos y hasta con la sangre de nuestros soldados, y recientemente reclamada con nuestro voto: la igualdad de derechos, responsabilidades y oportunidades que sólo es posible con una ciudadanía americana de primera clase con la Estadidad.

Los puertorriqueños que han servido o que están activos en las fuerzas armadas de Estados Unidos son los que mejor ejemplifican la desigualdad de nuestro pueblo bajo el presente estatus territorial-colonial. Desde que Puerto Rico pasó a ser parte de Estados Unidos en 1898, los boricuas han servido masivamente, con arrojo, disciplina y valentía en las fuerzas armadas, a pesar que no votan por el presidente que es su comandante en fefe y que no tienen representación con voto en el Congreso que toma decisiones relacionadas a su envío a zonas de conflictos y para asegurarle las mejores atenciones y recursos para cuando regresen a casa luego de cumplir su deber patrio.

Nuestra situación de desigualdad e inferioridad es una insostenible, por lo que no podemos conformarnos únicamente con una medalla de reconocimiento, cuando lo que nos corresponde justamente es una estrella y la igualdad plena como Estado de la Unión. Si en el campo de batalla los puertorriqueños pelean como iguales junto a otros conciudadanos de los estados, ¿cómo es posible que al regresar a casa sean distintos, al igual que los demás residentes de la Isla, a la hora de disfrutar los derechos, beneficios y oportunidades de la ciudadanía americana?

Y es que, como expresara el Senador Ron Wyden en agosto del año pasado, nuestro presente estatus político “socava la moral estadounidense en el mundo”. De hecho, dicho Senador cuestionó además que “para una nación fundada en principios de democracia y el consentimiento de los gobernados, ¿cuánto más Estados Unidos va a permitir una condición en la que cerca de cuatro millones de estadounidenses no tienen voto en el gobierno que hace sus leyes y afecta sus vidas diariamente?”.

Esta interrogante pudo haberse disipado con una respuesta Congresional y de parte del Presidente adecuada y oportuna, que respetara e hiciera valer nuestro voto rechazando nuestra presente condición territorial y favoreciendo la Estadidad como alternativa. Ante esta inacción, nuestro pueblo tiene que salir del marasmo, levantarse y unir voluntades para exigir con firmeza y consistencia que Washington y el Gobierno de turno local, dejen de sacarle el cuerpo a nuestros reclamos y actúen para que Puerto Rico pueda contar con un estatus político digno.

Está bueno ya que desde Washington se siga ignorando nuestros reclamos y necesidades y que se observe con indiferencia como fracasa y colapsa el modelo colonial del E.L.A. al que le dieron vida y que tiene a Puerto Rico en caída libre, directo a tocar fondo. Puerto Rico tiene que darse a respetar y nuestro pueblo tiene que despertar para así hacerlo.


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