García Márquez o la Crónica de la Inmortalidad Anunciada

El Gabo fue el gran exponente de la literatura latinoamericana
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Por Hugo Rodríguez Díaz 4:05 am

El jueves de la semana pasada se cambió de mundo uno de los grandes: el premio nobel colombiano Gabriel García Márquez. Los titulares anunciaban que murió, algo que era imposible. Cuando la obra de una persona lo ha hecho eterno, no hay muerte viable.

El Gabo fue el gran exponente de la literatura latinoamericana. Junto a otros entonces jóvenes escritores dio a conocer nuestras letras en Europa. Tanta resonancia tuvieron que se llamó el Boom Latinoamericano. Me atrevo a decir (aunque estoy seguro otros lo habrán hecho) que no es una exageración proclamar que fue uno de los escritores más importantes, sino el más, de todo el siglo veinte. La profundidad y extensión de su obra es monumental.

El expresidente norteamericano Bill Clinton narra en su autobiografía que en sus años de estudiante, se encontraba en el aula leyendo ‘Cien años de soledad’, mientras el profesor de Derecho que impartía clases lo sorprendió. En lugar de amilanarse ante la amonestación del catedrático, el estudiante levantó el libro, le dijo su título y afirmó que era lo mejor que se había escrito desde William Faulkner. Al otro lado del espectro político, estaba la admiración de Fidel Castro, quien lo nombró como director del Instituto Cinemátográfico en Cuba.

García Márquez fue capaz de cautivar a los más elevados intelectos, lo mismo que a las masas. El lenguaje y los símbolos de su obra son parte de nuestra cultura. Tantas veces hemos escuchado a la gente referirse a un evento que pueden anticipar, diciendo: Eso es la Crónica de una muerte anunciada. Y la referencia constante a Macondo para aludir a un lugar donde las cosas que ocurren parecen increíbles o sorprendentes. Esa trascendencia de su obra que se funde tanto con la gente hasta hacerla parte del inconsciente es una de sus mayores virtudes y por eso su nombre es tan grande.

Tocó todos los temas. Desde la política, lo espiritual, la muerte, la vejez, hasta los sueños y el amor. Sus imágenes valían más que mil explicaciones. ¿Quién no recuerda al protagonista de ‘El coronel no tiene quién le escriba’ cuando, en su desesperada pobreza raspa el fondo del tarro del café, o se niega a sacrificar el gallo de pelea? ¿Quién puede olvidar al personaje de ‘Crónica de una muerte anunciada’, cuando en medio de la agonía después de haber sido apuñalado, limpia la tierra que ensuciaba sus tripas? ¿O a los hermanos a quienes se les marcó de manera indeleble la cruz del miércoles de ceniza y eso sirvió para que los fueran matando, o la dignidad de Úrsula Iguarán en ‘Cien años de soledad?’ ¿Quién no se conmovió por el amor que vence el tiempo y solo puede consumarse cuando los protagonistas son muy viejos en ‘El amor en los tiempos del cólera?’

Gabriel García Márquez se elevó a los cielos como Remedios, la bella. No masticaremos flores por la tristeza como Florentino Ariza. Celebraremos su obra, que habla por él y lo ha hecho parte de nosotros.

Hugo Rodríguez Díaz

Abogado, escritor y colaborador de El Vocero


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