Habló el GAO

Aunque muchos denunciamos el espejismo de la prosperidad anexionista, faltaba que llegara quien lo dijera en inglés
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Por Columnistas, EL VOCERO 4:18 am

Haciendo suyo algo del populismo abrazado por el PPD, el Partido Nuevo Progresista acuñó aquella frase de “la estadidad es para los pobres”, para transmitir su visión de la anexión a Estados Unidos: nosotros pobres, ellos ricos; nosotros mendigos, ellos señores. Así, la principal promesa del anexionismo se condensó en ‘paridad de fondos federales’. Aun los reclamos de corte cívico, como el rechazo a una ‘ciudadanía de segunda clase’, servían para abonar a la idea de que ‘con dos senadores y siete representantes’ podíamos ‘exigir’ una mayor participación en la distribución de la cornucopia americana–lo suficiente para que valiera la pena el trueque que, desde la trinchera del falso nacionalismo culturetero, señalaba el PPD: más cupones a cambio de Miss Universo y el equipo olímpico.

De esa manera se fue cultivando el mito Disney: con la estadidad, la vida del boricua sería mágica, sin que importara que la premisa de la promesa era la pobreza. Aunque muchos denunciamos el espejismo de la prosperidad anexionista, faltaba que llegara quien lo dijera en inglés, y recién esta semana se ha recibido el esperado informe del General Accounting Office (GAO), deshojando en 126 páginas una de las margaritas del dilema del estatus de Puerto Rico: en el me quiere o no me quiere, los números condenan al desamor al estadismo.

Para comenzar, el ansiado aumento en transferencias federales bajo la estadidad, se queda corto respecto a los números vaticinados por el liderato PNP. Pero en todo caso, los 5,200 millones de dólares adicionales, ¿qué representan, si no la perpetuación de la pobreza y la dependencia como piedra angular de los proyectos de unión a los EU? Se relata en el Informe que representantes del sector industrial de Puerto Rico admiten que los pagos por transferencias gubernamentales en Puerto Rico (equivalentes a aproximadamente el 40% del ingreso personal, más del doble que en los estados), son un disuasivo al trabajo. No es que la estadidad sea para los pobres: es que, igual que el ELA, es para que nunca dejen de ser pobres.

En el renglón de industrias foráneas, se perderían los actuales privilegios contributivos, y al verse obligadas a tributar bajo el sistema federal regular, pudieran relocalizarse en otra jurisdicción. Los recaudos del gobierno local recibirían también su zarpazo: para que sus ciudadanos cumplan con la carga contributiva que supondría la anexión, Puerto Rico tendría que reducir impuestos, lo que implicaría una merma en recaudos.

Dicho todo esto, hay algo fundamental que aclarar: el portazo a la estadidad no depende de las razones materiales esbozadas por el GAO. Esa es la justificación pecuniaria para una determinación política. Puerto Rico nunca será estado porque, sencillamente, nada hay en su anexión a Estados Unidos que represente un beneficio para ese país. Lo que el americano quería de Puerto Rico, ya se lo llevó, sin mayor compromiso, emburujado en la sábana del concubinato colonial: la sangre de nuestros soldados, el uso de nuestras mejores tierras para fines militares, la conveniencia de un bastión a las puertas del América Latina, el trato privilegiado a sus corporaciones y las ganancias del consumismo desenfrenado fomentado por los pagos de beneficencia.

Desde el Partido Independentista, hemos insistido en que el proceso para la descolonización depende de que ‘el mudo hable’. Poco a poco– azuzados por la votación de noviembre de 2012– los estadounidenses van balbuceando. Comenzaron con el ELA en las vistas ante el Comité de Energía del Senado. Ya tenemos el informe del GAO sobre la estadidad. Mientras, nuestra Asamblea Legislativa aun no inicia la consideración de los proyectos de estatus radicados desde el pasado año. Es nuestro turno en nuestra conversación. ¿Qué esperan?


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