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La Cabaña y el Che Guevara

Testimonio literario del doctor José Vilasuso, documentando su experiencia como oficial instructor de la Comisión Depuradora encabezada por el Comandante, Ernesto ‘Che’ Guevara cobra vigencia con asunto de Venezuela
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Por Jaime Benson 4:00 am

Los actuales acontecimientos de supresión violenta (asesinatos, encarcelamientos arbitrarios y torturas en los cuarteles) de protestas estudiantiles y civiles pacificas masivas en la vecina Venezuela por parte del régimen de Nicolás Maduro, resalta la pertinencia del testimonio literario del doctor José Vilasuso, documentando su experiencia como oficial instructor de la Comisión Depuradora encabezada por el Comandante, Ernesto ‘Che’ Guevara. Relato recogido en su libro de reciente publicación, La Cabaña y el Che Guevara (disponible en La Tertulia).

La Comisión Depuradora tuvo a su cargo la formulación de cargos, procesamiento judicial a través de los llamados ‘tribunales populares revolucionarios’ y ejecución de sentencia de todos aquellos acusados militares y civiles por delitos de diversa índole perpetrados durante la dictadura del general Fulgencio Batista. Muy a pesar que la guerrilla triunfante del Movimiento 26 de julio encabezada por Fidel Castro, proclamó como objetivo central de su lucha armada el derrocamiento de una dictadura militar y el restablecimiento de un Estado de derecho democrático bajo el amparo de la Constitución de 1940, los procesos judiciales llevados a cabo por la Comisión Depuradora carecían de las garantías procesales y constitucionales básicas, ya que por decreto del Che Guevara se regirían por la Ley de la Sierra (el equivalente a la Ley de la Selva). De tal forma, un joven (el autor) recién graduado de Derecho, tras ser víctima de la injusticia y las torturas del régimen militar batistiano, vería sus ansias de aportar a un proceso de justicia imparcial y equilibrado bajo el nuevo ordenamiento jurídico-político tronchadas.

Nunca se restauró la Constitución de 1940, que proveía para una judicatura independiente, el debido proceso de ley, la presunción de inocencia, el mecanismo del Habeas Corpus y otras protecciones a los acusados. Se levantaron decenas de miles de acusaciones sin la debida evidencia y documentación legal, contra oficiales de mayor y menor rango de las fuerzas armadas y policiales, así como contra funcionarios civiles del régimen batistiano. Se llevaron a cabo decenas de miles de juicios sumarios con testimonios de dudosa credibilidad sin el respaldo de la debida evidencia pericial y documental. En tribunales que en lugar de cortes de ley parecían circos romanos en que hojalateros, mecánicos y médicos de oficio ejercían la función de fiscales y turbas fanatizadas enardecidas proclamaban la culpabilidad de los acusados y clamaban porque se le sometería a la pena máxima, ¡Paredón! ¡Paredón! Exigían a gritos.

Desafortunadamente, cientos (que con los años se convertirán en decenas de miles) de los acusados terminaran siendo fusilados en el paredón (muchos sin ser sometidos a juicio). Cientos de ellos bajo el mando del llamado ‘Comandante Heroico’ y en decenas de casos fue el mismo Che el que jaló el gatillo apuntando a la sien de los infortunados. El autor, reseña y da testimonio de decenas de dichos juicios sumarios y consiguientes fusilamientos horripilantes. Su testimonio literario, parece responder a un sentido de deber ético ciudadano, de dejar constancia de lo sucedido en vías de evitar que tales crímenes de lesa humanidad se repitan. ¡Prohibido olvidar!

Jaime Benson

Catedrático de Economía de la UPR


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