La erosión de la Justicia

Cuando se difundió la noticia del asesinato de Carmen Paredes mucha gente en Puerto Rico quedó perpleja por la forma que sucedió dicha muerte
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Por Columnistas, EL VOCERO 4:18 am

Por: Mario Ramos Méndez

Cuando se difundió la noticia del asesinato de Carmen Paredes mucha gente en Puerto Rico quedó perpleja por la forma que sucedió dicha muerte y por el lugar dónde ocurrieron los hechos. Cuando se supo que era la nuera del juez federal Salvador Casellas mucha gente se puso a pensar. Cuando en el programa Super Exclusivo logran entrevistar al notorio Pablo Casellas al éste salir de su casa, y mediante preguntas de Silvia Hernández se pone a la defensiva, el pueblo, de inmediato, comenzó a sospechar. Las sospechas se profundizaron cuando al día siguiente un siquiatra perito en lenguaje corporal entendió que Pablo Casellas mentía.

Cuando el mismo día de la vista para declarar causa probable para arresto, la famosa Regla 6 de de las de Procedimiento Criminal, Pablo Casellas, en cuestión de horas, pudo pagar la fianza impuesta de $4 millones de dólares, en la mente del Pueblo ya él era culpable del asesinato de Carmen Paredes. En la mente del Pueblo, también, hay la creencia de que el padre de Pablo sabe toda la verdad y lo encubre a toda costa para que su propio hijo no vaya preso. O sea, el Tribunal del Pueblo, que es la opinión pública del país, el vox populi, podríamos decir, ya adjudicó este caso, por lo que un fallo favorable al acusado sería un golpe mortal al sistema de justicia criminal de Puerto Rico, basado en los antes dicho.

El caso de Pablo Casellas ha sido de gran importancia para la opinión pública no por la persona acusada per se, sino por el acusado ser hijo del Juez Casellas. El envolvimiento del padre, desde un principio, en la defensa de este caso ha creado malestar en muchos sectores del Pueblo que no ven con buenos ojos que figuras de poder y prestigio defiendan a acusados de delitos violentos, aunque el acusado mismo sea su propio hijo.

En un país pobre con bolsillos de riqueza, donde hay la creencia generalizada que quién no tiene padrino no se bautiza, este tipo de casos, por la difusión desde sus inicios y por la participación completa y continua del padre en la defensa del hijo, erosiona la confianza de la gente en sus instituciones de gobierno y en los procesos llevados en los tribunales de Puerto Rico. Incluso, me atrevo a decir, la desconfianza ha salpicado el Tribunal Federal en Puerto Rico por ser el padre del acusado uno de sus jueces y por el exabrupto de uno de sus miembros el día del velorio.

No es de extrañar que la gente común y corriente tenga como modelos a seguir a atletas –no importa su pasado, como fue el caso del Macho Camacho-, reinas de belleza y hasta prófugos, como fue, también, el caso de Toño Bicicleta que le pusieron la monoestrellada antes de enterrarlo como héroe, y no a líderes políticos, abogados como Luis Sánchez Betances, jueces o sacerdotes y pastores, entre otros. Todos éstos últimos no gozan de buena estima en la afectividad de la gente, y es por eso que solo a los atletas, a las reinas de belleza y profugos, se les aclama o se les recibe con júbilo en el aeropuerto cuando regresan a su patria. Por la desventura de estos personajes se ha destruido la confiaza del Pueblo en sus instituciones de gobierno y en las instituciones eclesiásticas.

Como si eso fuera poco, ahora los jueces demandarán al Gobierno de Puerto Rico por las recientes enmiendas a la Ley de Retiro de la Judicatura. En Puerto Rico hay una opinión generalizada que los jueces se creen dioses del Olimpo y que, en su gran mayoría, son politiqueros, vagos, arrogantes y engreídos. Hay algo de certeza, pero en algunos, no en todos.

Los jueces mismos decidirán si las enmiendas a la ley violan la Constitución de Puerto Rico. Tienen que ser ellos porque, más que una regla de necesidad, es el principio de revisión judicial, que establece que son los tribunales los llamados a decidir, en última instancia, la constitucionalidad de las leyes.

Sin embargo, en la mente del Pueblo, que en distintas encuestas ha mostrado poco afecto por la judicatura, la reacción de los jueces ha sido vista como insólita y de falta de solidaridad con el resto de los empleados públicos. Es por eso que, este caso, como el de Pablo Casellas, no abona en nada a la poca buena imagen, si alguna, que puedan tener en estos tiempos los jueces en Puerto Rico. marioramosmendez@yahoo.com


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