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La grandeza de la cortesía

"La demostración de buenos modales se engrandece, en ambos casos, porque se manifestaron ante personas con credos e ideologías muy diferentes".
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Por Columnistas, EL VOCERO 4:00 am

Ismael Cala
Periodista, escritor y motivador

Dos sucesos relacionados con la práctica de la cortesía movieron el interés de la prensa internacional y provocaron criterios desde todos los puntos de vista. El primero lo protagonizó el papa Francisco, el Hombre del Año, según la revista Time, durante una visita al Vaticano de los reyes de Jordania, Abdullah II y Rania.

El saludo inicial transcurrió según el protocolo. Lo llamativo se produjo al final, cuando el Sumo Pontífice, en lo que ya ha sido catalogado como un gesto histórico, hizo una reverencia a la reina Rania, algo insólito para muchos.

Otro evento que movió los resortes de la prensa fue el estrechón de manos del presidente Barack Obama al gobernante cubano Raúl Castro, durante las honras fúnebres de Nelson Mandela. No tengo dudas de que ambos gestos, tanto el del Papa como el de Obama, fueron resultados de la más elemental cortesía.

La demostración de buenos modales se engrandece, en ambos casos, porque se manifestaron ante personas con credos e ideologías muy diferentes. Los reyes jordanos son musulmanes, y Cuba y Estados Unidos no tienen relaciones diplomáticas. Es normal que ambas acciones susciten interés mediático y provoquen tantos puntos de vistas diversos. ¡En la medida en que la diferencia es mayor entre las personas, trasciende más un acto de cortesía entre ellas!

Pero… ¿La cortesía viene aparejada con la hipocresía? No, nada tiene que ver una con la otra. Ser hipócrita es dominar el arte de mentir, de simular cualidades. Ser cortés es una manera de brindar atención y respeto, a pesar de las diferencias. La hipocresía es falsa y la cortesía es honesta, aunque en política a veces se les confunda.

En un libro de trascendental importancia literaria, El Infierno, de Dante Alighieri, los hipócritas son condenados a cargar por toda la eternidad una pesada capa de plomo revestida con un fino baño de oro. ¡Cuánto simbolismo en Alighieri! Siempre la hipocresía viene cargada de encubiertas malas intenciones.

La cortesía no, todo lo contrario, hace atractivo a los seres humanos. ¡Cuánto nos alegra tropezarnos en la calle con personas llenas de buenos modales! Personas que saludan y ofrecen, sin miramientos, los buenos días, las buenas tardes o las buenas noches.

La cortesía relaja el ambiente. En el funeral de un hombre como Mandela, quien hizo suyo como nadie el poder del perdón, no era posible actuar de forma descortés. En el suceso del papa Francisco ante los reyes jordanos, su actitud humilde, a pesar de su grandeza, dejó bien sentado el respeto por los puntos de vista y el credo de los visitantes. La reina Rania también tuvo con el Papa un gesto cortés, sin precedente, al asistir a la cita con su cabeza cubierta por un velo blanco, símbolo de la pureza católica.

Los buenos modales hacen lucir a las personas, relajan la vida, nos convierten en seres atractivos. Un gesto cortés y una sonrisa abren puertas y ventanas. Para conseguirlos, según Ralph Waldo Emerson, a veces no necesitamos más que un pequeño sacrificio.


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