La Iglesia Católica: En espera del ‘mea culpa’

Emplazamos a la Iglesia Católica de Puerto Rico a que haga público la totalidad del expediente, y no solamente, su alegado resultado
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Por Katherine Angueira Navarro 4:03 am

‘Reivindicado el Obispo de Arecibo’ leyó la noticia de primera plana. Con el mismo fervor con que la Delegación Apostólica de Puerto Rico circuló el comunicado de prensa (11 abril 2014) para informarle al país que el Monseñor Fernández Torres, Obispo de Arecibo, fue exonerado por alegados actos de abuso sexual de un menor, se solicita que se haga público la totalidad del expediente de dicha investigación que ya culminó. A partir de la determinación de hechos en el caso Obispo de Arecibo vs Secretario de Justicia, (Civil Núm. SJ 20014-CV000007, 7 abril 2014, p. 23), ‘el Procedimiento de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña dispone que mientras dure la investigación, no se debe divulgar ningún tipo de información referente a la misma, a los medios de comunicación masivos’.

Emplazamos a la Iglesia Católica de Puerto Rico a que haga público la totalidad del expediente, y no solamente, su alegado resultado. Luego de décadas de nuestra lucha a favor de los derechos de las verdaderas víctimas sobrevivientes de violencia sexual, interesamos conocer si existen casos de personas que utilizan el dolor ajeno de otras víctimas para hacer reclamaciones fraudulentas, o si la determinación se tomó por el aparente discrimen al interior de la Iglesia contra estos casos o por la falta de evidencia.

Ustedes abrieron la puerta para que el país ahora conozca de primera mano los pormenores de los alegados hechos y los fundamentos para que ‘el mencionado Dicasterio’ determinase “con certeza moral suficiente” que dicha acusación contra el Obispo de Arecibo no se sostiene”. Interesantemente, quedó al descubierto el interés primordial de la Iglesia Católica en proteger su imagen, mientras tiró al traste su alegación de que debiesen velar por la honra y reputación de las alegadas víctimas de delitos sexuales. He aquí la verdad de su norte cuando usan como escudo la dignidad y el derecho a la ‘privacidad’ de las alegadas víctimas de delitos sexuales. Derrotado quedó su argumento central en el caso contra el Departamento de Justicia.

El ícono religioso de esta Semana Mayor del Cristianismo es la entrega de un ser místico que murió crucificado para salvar la humanidad del ‘pecado original’. Su calvario dejó el legado de los diez preceptos que al día de hoy dictan la vida social—los Diez Mandamientos. De los principios fundamentales de ‘no matarás’, ‘no mentirás’, ‘no tendrás pensamientos, ni cometerás actos impuros’, ¿cómo es que en tantos otros casos se convirtieron en el secreto no sacramental de cometer abuso sexual de menores, matando en vida a niños que se entregaron a la fe? ¿Cómo es que se pretende encubrir tal aberración criminal bajo el manto de la doctrina religiosa, trancándoles las puertas medievales pesadas de la Iglesia en la cara al Estado para impedir que se ventile públicamente las violaciones al Código Penal que cobija a todos(as) por igual, no importa las creencias religiosas de la víctima o el victimario? Todos(as) somos iguales ante la ley secular, no solamente ante su dios.

En Obispo de Arecibo vs Secretario de Justicia (7 abril 2014), el Tribunal ordenó la entrega de los expedientes de las investigaciones realizadas por la Iglesia contra alegados sacerdotes agresores sexuales. La Iglesia no puede obstruir el deber ministerial investigativo del Departamento de Justicia para proteger a menores de ser víctimas de agresión sexual. Tampoco el Estado se puede hacer cómplice de la Iglesia manteniendo en secreto la información obtenida. Debemos distinguir las distintas capas de confidencialidad en las distintas etapas investigativas. Un asunto es salvaguardar la dirección y teléfono de la alegada víctima, según dispone la Carta de Derechos de Víctimas y Testigos. No obstante a pesar de que el ‘Ministerio Fiscal no es un medio de comunicación masiva’ (Ibid, p. 23), si en efecto existen hechos que configuran los elementos de delitos sexuales para radicar acusaciones, la misma se ventilará públicamente ante los Tribunales. Los hechos constitutivos de delito, la identidad de la alegada víctima y presunto victimario son evidencia que habrá de ventilarse.

En esta su Semana Santa, ¿dónde está el carácter penitente del ‘mea culpa’ público de quienes hacen daño a otros seres indefensos? ¿Dónde está la abnegación de la humildad para aceptar su responsabilidad en la comisión de delito sexual cargando en público con su cruz? Esto no se trata de que “con los chicos no se juega”, como expresó el Papa Francisco en un intento fallido para repudiar el abuso sexual de menores por parte del clero. Más que ahincarse de rodillas para pedir perdón, habrán de ser procesados, encarcelados y fichados en el Registro de Ofensores Sexuales, como cualquier otro violador convicto.

Katherine Angueira Navarro

Psicóloga Social-Comunitaria


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