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La Quiebra del ELA

La aprobación precipitada de la Ley de Quiebra de la Colonia es, sin dudas, la acción más irresponsable y descabellada que haya tomado gobierno alguno en la historia de Puerto Rico.
Capitolio
Por Thomas Rivera Schatz, Ex presidente del Senado 4:03 am

La aprobación precipitada de la Ley de Quiebra de la Colonia, titulada por el liderato popular como ‘Ley para el Cumplimiento con las Deudas para la Recuperación de las Corporaciones Públicas’ es, sin dudas, la acción más irresponsable y descabellada que haya tomado gobierno alguno en la historia de Puerto Rico.
 
Su trámite legislativo fue tan fugaz que la mayoría de los legisladores populares no sabían lo que estaban aprobando; ni tenían conciencia de las eventuales consecuencias desastrosas para la economía de todos los puertorriqueños. En la propia exposición de motivos, reconocen que no tendrán recursos suficientes para cumplir con el presupuesto 2014-2015. Dan vergüenza ajena.
 
Esta barbaridad se ejecutó, entre otras razones, en un intento oportunista de Alejandro García Padilla para distanciarse de la responsabilidad de tener que anunciar un descomunal aumento tarifario en la AEE, los despidos y apagones que vendrán. “Que lo ordene un tribunal de quiebras o un síndico y no yo”, pensó el principal velaguiras de Puerto Rico. Como si eso lo salvara de la responsabilidad de haber destruido a la AEE, a todo el Gobierno y colocar en jaque el bolsillo de todos los puertorriqueños.
 
¿Cuántas barbaridades más tendrán que hacer los líderes populares para que algunos acaben de entender que la única solución y esperanza para Puerto Rico está en el crecimiento político y económico que nos garantiza la estadidad? Tan solo bastaría con iniciar ese proceso hacia la estadidad para que nuestra economía cambie radicalmente de negativo a positivo y de manera permanente.
 
Si las agencias del desgobierno PPD hubieran pagado sus facturas a la AEE desde enero de 2013, cuando dejaron de pagarlas, esa corporación pública no estaría en la profunda crisis  que se encuentra. Las agencias del ELA han acumulado una deuda de más de $330 millones con la AEE. Dinero que hace falta, ahora, para continuar comprando combustible y mantener activa nuestra economía. El PPD aumentó el presupuesto y el gasto del Gobierno con dinero que no tenían y derrocharon el poco dinero que quedaba alimentado las fauces de sus amigos del alma con puestos y contratos. Ahora se quedaron cortos y comenzaron a hacer recortes en las agencias, optando por no pagarle, entre otros, a la AEE.
 
 Ellos saben que sus días en el poder están contados por tantos abusos contra el pueblo y por tanta incompetencia. Pronto volverán con mentiras de una supuesta recuperación. Lamentablemente veremos a ciertos medios de opinión pública haciéndole el juego en esa estrategia politiquera y fraudulenta.
 
Recientemente García Padilla dijo estar preparando -fíjese bien- la mejor reforma contributiva de la historia. Mayúsculo cinismo. Posiblemente, a finales de este año la presentarán, con promesas de grandes alivios contributivos que nunca llegarán, si se mantienen en el poder. Este es el desgobierno popular, sin credibilidad, que les arrebató a los trabajadores, la clase media, los envejecientes y a los comerciantes los alivios contributivos que el gobierno PNP aprobó. Además de quitarles esos beneficios, el PPD, también en el año y medio que llevan en el poder ha impuesto miles de millones de dólares en nuevas contribuciones.
 
 Si alguien en los mercados financieros y de inversión tenía dudas de la viabilidad de Puerto Rico; con esta ley,  las dudas se le aclararon. El ELA quebró. El PPD no sabe gobernar. No cumple sus compromisos económicos ni contratos con el sector privado. Cambian las reglas contributivas de la noche a la mañana. Utilizan la legislatura para dar ‘tumbes’ y al otro día te dicen cualquier cosa con la cara fresca. Este desgobierno popular, hasta en los intentos por decir la verdad, miente.
 
 No podemos continuar en manos de la incompetencia, la inexperiencia y la improvisación. Lo dijo Ferré en el 1968 y yo lo repito hoy: “Esto tiene que cambiar”.


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