La suerte del helicóptero

"Los vericuetos del azar son insondables, aunque no siempre negativos".
juicio
Por Hugo Rodríguez Díaz 4:15 am

Mientras compraba café en la panadería cercana a mi oficina, escuché la noticia que se transmitía desde un televisor instalado allí, de que un helicóptero se estrelló en plena ciudad de Gwangju, en Corea del Sur. Un desafortunado ciudadano que esperaba en una estación de autobús fue calcinado al instante por las llamas que provocó la explosión. ¿Qué probabilidades estadísticas hay de que alguien muera en una parada de guaguas, pero no arrollado por un chofer en problemas para controlar su auto, sino por una nave que cae del cielo? Ínfimas. Los vericuetos del azar son insondables, aunque no siempre negativos. ¿O acaso el suertudo que acertó los números de la loto de $32 millones la semana pasada no dependió exclusivamente del capricho indomable de la buena ventura?

Juguemos a los abogados, la profesión cuyos miembros defienden los derechos de las personas en los tribunales. Al enfrentar un caso, evalúan las circunstancias particulares, estudian los aspectos de Derecho que amparan la situación, indagan sobre la evidencia disponible y la admisibilidad de ella, y a partir de ese análisis, diseñan una estrategia que cumpla con las reglas procesales y sustantivas para llevar al juez la defensa de su representado.

Desde la entrevista inicial pasan meses para el momento crucial, ese donde le veremos la cara al fantasma. Se han invertido decenas, a veces cientos de horas de preparación para la cita con ese cliché llamado Justicia. Es el día en que un juez tiene que recibir la prueba y evaluar el caso.

El adusto señor o señora con la toga negra escucha, entiende y resuelve conforme al Derecho. Así es en la mayoría de las veces. No son los números de una tómbola los que determinan el resultado, sino el esfuerzo de ese árbitro comprometido que aquilata y juzga.

A pesar de lo anterior, en conversaciones de abogados y hasta de los propios jueces, encontramos anécdotas de helicópteros estrellados en plena corte. Son historias frustrantes de magistrados que no entienden de qué se trata esto. Su trasfondo usualmente no es el de la práctica forense. Se trata de seres que tuvieron la “suerte” de haber sido allegados a políticos con el poder de nominar, o de tener apoyo de algún padrino que les aseguró el premio de ocupar el trabajo jurídico que tradicionalmente ha estado reservado a los más estudiosos y ecuánimes de los miembros de nuestra profesión. Casi siempre encubren su incompetencia en actitudes hostiles y modales ásperos. Es la forma de proteger su indefensión ante planteamientos inalcanzables a intelectos característicos de resumés con alusiones a campañas políticas.

En la judicatura hay muchos que merecen haber llegado, honran el estrado con sus capacidades y trascienden por su criterio inmune a influencias. Se distinguen de los pocos, de quienes no podremos olvidar que fueron nombrados únicamente por las transacciones aleatorias tras las cortinas de los palacios. Al final, son los ciudadanos que necesitan remedio a sus problemas los que sufren las consecuencias. La loto de unos supone la suerte del helicóptero para otros.

Hugo Rodríguez Díaz

Abogado, escritor y colaborador de El Vocero


Noticias Relacionadas

Nuestras Voces


Nuestras Voces

Subir