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Mensaje a mi partido

El gobierno insular alega que tiene que pagar porque la constitución local así lo dispone. Como si no supiéramos que todos los días los demandados dicen en los tribunales que: “Su Señoría, yo no me niego a pagar; es que no tengo los chavos”.
estadidad
Por Orestes Ramos, Abogado 4:03 am

El gobierno nos ha endeudado por $3,500 millones, para pagar deudas viejas y contraer otras nuevas. Como el que paga la American Express con la Master Card, y hace nuevos cargos. Todo ello a intereses mayores que los anteriores. Porque nuestro crédito ‘está dañado’. Por ello los prestamistas, incluyendo los fondos de pensiones de las uniones de allá, han logrado que los federales ‘monitoreen’ al Gobierno de Puerto Rico y a sus corporaciones públicas, como la AEE, la AAA, la AEP, etc., etc., etc. Para lograrlo, las uniones y otros prestamistas han amenazado con donarle dinero a las campañas de los opositores a los incumbentes congresionales. El monitoreo opera desde afuera y desde adentro. Millco Advisors, LP de Washington, está encargada de supervisar al gobierno insular. Sus inspectores ya están permanentemente instalados en la isla.

El gobierno insular alega que tiene que pagar porque la constitución local así lo dispone. Como si no supiéramos que todos los días los demandados dicen en los tribunales que: “Su Señoría, yo no me niego a pagar; es que no tengo los chavos”. Y el acreedor pierde su dinero. Lo mismo puede tener que decir el Gobierno de Puerto Rico si sigue endeudándonos y gastando lo que gasta. Por ser tan grande el riesgo que corren los prestamistas es que los intereses que pagamos tienen que ser más altos y que los prestamistas han conseguido el monitoreo de los federales a base de la extorsión política.

Como sabemos, el Congreso nos asigna menos fondos que a los estados en planes de asistencia social y para otros asuntos. Ello hace que circule menos dinero en la economía local. A esto hay que añadirle que la enorme migración hacia los estados por parte de gente que paga contribuciones, definitivamente hará que disminuya nuestra capacidad de pago. Lo dicho, más la fuga de turistas hacia la Republica Dominicana, donde reciben mejor trato a más bajo costo, unido a una reanudación de relaciones comerciales entre las corporaciones americanas y Cuba, podrían significar la ruina de Puerto Rico, lo cual a su vez, haría que hubiera más desempleados, más migración, menos recaudaciones contributivas y menos capacidad de pago de nuestra deuda pública. Y ese incumplimiento podría traer muy malas consecuencias. Añádase que Grecia, Italia, España e Irlanda han logrado, en las últimas semanas, vender bonos a menos de 5% anual.

Tanto el gobierno federal como los prestamistas y los inversionistas corporativos estarán especialmente atentos a si el gobierno insular cumple con la enorme reducción de gastos a la que se ha comprometido (con esos prestamistas), incluyendo la eliminación de puestos de trabajo innecesarios, así como de que se reduzcan significativamente las tarifas de electricidad y otros costos de operación que estrangulan tanto la inversión exterior como la interior. Pero todos sabemos que el temor a perder las elecciones imposibilitará al gobierno de cumplir con todos estos requisitos. Y ese incumplimiento puede causar que caigamos en el abandono y el olvido de la empresa foránea y del gobierno federal, ante la atracción irresistible de una Cuba capitalista, aunque tiránica, que está a la vuelta de la esquina. El modelo fascista chino que Raúl Castro quiere.

Con toda franqueza creo que el proyecto de sí o no a la estadidad ya cumplió su misión. Pero el Congreso no va hacer nada antes de las próximas elecciones. Como el PNP se corre el riesgo de ganar la gobernación y la legislatura en el 2016, le tocaría evitar las consecuencias nefastas del incumplimiento con el pago de la deuda pública. Estoy convencido de que lo que debemos hacer, tan pronto el nuevo se constituya, es aprobar un plebiscito puertorriqueño con dos opciones: estadidad o independencia. Y tan pronto se certifique la victoria de la estadidad, hacer una elección especial para elegir a los dos senadores y los seis representantes que nos corresponderían como estado, exigiendo que se les dé asiento en el Congreso. Y dándole a todo ello la mayor publicidad posible en los medios internacionales de comunicación.

Si el PNP sigue esa ruta, le sería muy difícil al Congreso y al presidente condenarnos al olvido y a la ruina con toda la injusticia que ello conllevaría para los estudiantes, ancianos y menesterosos de Puerto Rico. Además, el Gobierno Federal tendría que atender nuestro reclamo para evitar el gran daño al prestigio internacional de los Estados Unidos que produciría el hecho de que, tras habernos tenido privados de derechos políticos durante más de 100 años, amparándose en nuestra indecisión, nos condenen a la ruina económica y la indigencia política aun cuando ya hayamos exigido, de manera clara y contundente, la igualdad económica y política. La estadidad, además, produciría la seguridad para los inversionistas que haría crecer nuestra economía y produciría mejores condiciones de vida a los puertorriqueños. A mi partido le digo: Déjense de remilgos. Tiren pa’ lante. Del cobarde no se ha escrito nada bueno.


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