Mensaje impropio de un hombre de estado: Parte I

"La estadidad no es un espejismo, es una realidad por la cual 13 colonias y 37 territorios optaron por ella para lograr una forma de vida que las ha llevado como nación federada a ser la principal potencia mundial"
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EL VOCERO / Archivo
Por José M. Saldaña 4:00 am

Por más de 45 años me he honrado con la amistad de Rafael Hernández Colón y sus hijos a quienes siempre  he  considerado como  familia. Dentro de ese cariño y respeto tengo que diferir totalmente de las expresiones del querido amigo en la Convención del PPD.

La estadidad no es un espejismo, es una realidad por la cual 13 colonias y 37 territorios optaron por ella para lograr una forma de vida que las ha llevado como nación federada a ser la principal potencia mundial. ¿Si es un espejismo por qué preocuparse porque tratemos de  obtenerla?

Comprendo que Rafael pueda estar preocupado por que haya en los Estados Unidos una impresión de que Puerto Rico está encaminado hacia la estadidad pues ya rechazamos contundentemente el presente ELA colonial, el consentimiento a ser gobernados  bajo ese estatus y una mayoría de nuestro pueblo se expresó que es hacia la estadidad que prefiere moverse. Aunque  los detractores del  plebiscito del 2012 usen todo tipo de argumentos para no aceptar esa realidad.

Rafael no puede emocionalmente entender que a lo que él ha dedicado su vida a defender y  que fuera  un estatus transitorio, que trajo algún progreso durante la década de los 50 – 60 ya colapsó. El ELA ya no da más. Lo han administrado populares y penepes -más tiempo los primeros que los segundos- y lo que hemos hecho es retroceder. No es el jockey es el caballo.  Estamos en quiebra no solo económica sino social. La globalización y la perdida de ventajas que como concesiones provisionales nos hizo los Estados Unidos y que no supimos o no pudimos aprovechar, nos han traído a la situación de caos que hoy vivimos.

Responsabilizar por esta situación al PNP exclusivamente es injusto, y demagógico. No es la realidad. Todos los gobernantes incluyendo a Rafael han tenido responsabilidad por las malas decisiones y los malos negocios en los que nos metieron. Hay que recordarle a Rafael que durante su primera administración la deuda pública creció  de $2,545.9 millones en 1972 a $5,586.9 en 1976 un crecimiento de 119.4%(Informe Económico al Gobernador 1980, Apéndice Estadístico, Tabla 2.   También hay que señalar que la compra de las navieras, la compra de la telefónica y el almacén fueron operaciones grandemente perdidosas.

Adjudicarle al gobierno de Fortuño el haberle dejado a AGP  “un gobierno en la más miserable bancarrota con deudas hasta la coronilla, desempleo, altos costos de producción, como la luz y que dejó un alto grado de enajenación y delincuencia” es un acto de injusticia y  politiquería que no se espera de su posición como hombre de estado.

Es necesario recordar que las administraciones de Sila Calderón y Aníbal Acevedo Vila incurrieron en deuda pública por las cantidades de $37,434  y $53,393 millones respectivamente para un cambio absoluto en la deuda de 54% y 42.6% respectivamente.

Las respectivas administraciones de Sila Calderón y Aníbal Acevedo Vilá le entregaron a Luis Fortuño un gobierno central con un déficit certificado de $3,300 millones, un déficit en caja de más de $4,459 millones, más de $960 millones en cheques del gobierno emitidos sin fondos, un sistema de retiro del ELA en quiebra, la Universidad de Puerto Rico con un déficit de $250 millones y suplidores de servicios a los que por meses no se les había pagado. Igual situación ocurría con la mayor parte de las corporaciones públicas y de los municipios. En resumen, Fortuño recibió un Puerto Rico en quiebra. Se continuará.

José M. Saldaña

Ex presidente de la Universidad de Puerto Rico.


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