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Mentira de los políticos, verdad de los escritores

" Sospecho que ambos dicen algo de verdad y que ambos mienten".
desempleo
Por Hugo Rodríguez Díaz 4:00 am

En estos días se debate la estadística. El gobierno dice que cumplió su promesa de campaña al haber creado sobre cincuenta mil nuevos empleos. La oposición del partido azul dice que es una falacia porque si la aritmética incluyera los empleos que se han perdido, habría un saldo neto negativo de treinta y ocho mil. Sospecho que ambos dicen algo de verdad y que ambos mienten.

Los políticos tomaron una licencia que solo a los escritores de ficción se les permite. Escribió Mario Vargas Llosa, en un libro titulado La verdad de las mentiras, que “[l]os hombres no están contentos con su suerte y casi todos ―ricos o pobres, geniales o mediocres, célebres u oscuros― quisieran una vida distinta de la que viven. Para aplacar ―tramposamente― ese apetito nacieron las ficciones. Ellas se escriben y se leen para que los seres humanos tengan las vidas que no se resignan a no tener”.

La labor del político es diferente. Cuando es candidato debe hacer promesas para transformar “la vida que la gente no se resigna a no tener”. Cuando tiene el privilegio de llegar a gobernar, su obligación es intentar de buena fe acercar el pueblo a la felicidad prometida. En ambas etapas, el apego absoluto a la verdad es indispensable. El escritor transforma la realidad con exageraciones y transformaciones estimulantes. Al político le está vedada esa facultad.

Sin embargo, al escuchar a unos y otros de los líderes de los dos partidos mayoritarios, me da la impresión de que no entienden. Los populares dirán que la promesa desnuda era crear cincuenta mil empleos nuevos. “Nada dijimos de los que se fueran perdiendo en el camino”, será el pensamiento que tendrán en la trastienda de su mente y que no se atreverán a argumentar. Por su parte, los novoprogresistas, al afirmar que los empleos netos andan por treinta y ocho mil menos, nos están diciendo ―sin decirlo verbalmente― que si nos basamos en su récord de credibilidad, debe haber una merma de empleos, pero ni de lejos se acercará a ese número. Para ello recurrirán a estadísticas de unos meses que no son comparables con otros, y a cualquier otro tipo de subterfugio que les acomode. Recordemos el precedente de la ley 7 del cuatrienio de Luis Fortuño. ¿Alguien sabe dónde está la cifra real de despedidos al amparo del estatuto, entre el número imputado por los populares y el admitido por los azules? Nadie.

Nos dice Vargas Llosa que “[c]uando produce libremente su vida alternativa, sin otra restricción que las limitaciones del propio creador, la literatura extiende la vida humana, añadiéndole aquella dimensión que alimenta nuestra vida recóndita: aquella impalpable y fugaz pero preciosa que sólo vivimos de mentira”.

La “verdad” que un escritor nos cuenta nos hace vivir, soñar, nos alimenta el espíritu, crecemos. La mentira que nos cuenta un político ―al margen de sufrir la falta de gracia, cultura y don para el solaz― nos enajena, insulta, menosprecia y viola la confianza que momentáneamente, solo momentáneamente, el pueblo le prestó.

Hugo Rodríguez Díaz

Abogado, escritor y colaborador de El Vocero


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