Miniaturas de Lucía Maya

Por Jorge Rodríguez, EL VOCERO 4:00 am
‘Escenas Mínimas’ de la pintora mexicana, se presentará el jueves 6 de febrero en la Galería Viota de San Patricio.
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Suministrada.

No se sabe si algunos apuntes de la connotada crítica de arte dominicana Marianne de Tolentino se adelantó a su tiempo, o si fue que penetró la psiques de su objeto en la figura de la pintora mexicana Lucía Maya. Hace cerca de una década, reseñando su obra, ésta esgrimió que sus dibujos tenían “una calidad de miniatura, hechos con paciencia de alquimista, con líneas perfectas, dibujos que se animan con el color, es decir adquieren ánima, alma, subconsciente”.

Le faltaba añadir que ese imaginario, como lo definió finalmente, constituirá un hecho con una exposición íntima de miniaturas, que presentará la artista el próximo jueves, 6 de febrero —a cuatro años de su última exposición en ese mismo espacio—, en la Galería Viota de San Patricio. Se titula ‘Escenas Mínimas’ con las que, una vez más, subyuga al espectador con un estado subconsciente, fuera de las lógicas, de las preocupaciones morales, de la misma estética y el ambiente.

“En ‘Escenas Mínimas’ trabajo una serie de miniaturas después de mi visita a Yemen y de hacer obras de gran formato, que es algo que se me da natural y empiezo con otro proyecto. Ahí se pueden encontrar infinidad de miniaturas que son una exploración del paisaje en formato mínimo a través del cual se pueden descubrir varios paisajes en uno solo. En la distancia, en perspectiva, ves infinidad de paisajes; mas en la miniatura capturas como un microscopio. Mientras, el gran formato, te abruma y te envuelve como con un telescopio. La miniatura me transporta a un universo diminuto donde no existe el trazo, la premeditación. Son pinceladas leves que develan tempestades, tormentas, paisajes y personajes insólitos, de otro espacio dimensional”, declara Maya quien estará tan solo unos días en Puerto Rico durante esta exhibición.

Contrario a las miniaturas de otrora, consideradas como pinturas morales, antítesis del imaginario de Maya, con respecto a su ejecución, el dibujo y el color se aplicaban entonces, sobre pequeñas láminas de oro adosadas a un pergamino. En estas miniaturas, sin embargo, en su mayoría predomina el óleo sobre cartulina, que contradictoriamente, hace lucir la paleta de esta maestra grandilocuente, pletórica de misterio, silencios y extrañeza.

La pintora durante años ha creado un eje entre sus hábitats tapatíos y borincanos, al incluso considerar a Puerto Rico como su segunda patria, como dice. Su fanaticada local es extensa desde al menos de su retrospectiva ‘Epidermis del Sueño’ (2004) en el Museo de Arte de Ponce; pero es su imagen la que embriaga al veedor, le penetra y se instala en sus sentidos como en cualquier rincón de un sueño. Si la creadora se abstrae, como en un gran efecto, el público se abstrae también.

“Es abstraerte y concentrarte en un solo punto, en un solo esfuerzo para ver los personajes. Es un contacto diferente. La dimensión puede ser grande, si te metes. Siempre hago lo mismo, para abordar el formato grande, retorno a un nuevo lenguaje. Mis trabajos no parten de los sueños. Me pongo a pintar y es algo como sicológica con lo onírica. Es muy sencillo porque onírico puede ser el sueño nocturno; con la siesta, puede ser muy profundo y pero los sueños son muy diferentes. Sueñas diferente en el día. En la noche es agobiante y te despiertas; y vuelves a dormir. En el día te ponen imágenes muy claras que corresponden a otra zona”, concluyó la pintora.

 

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