¡Nuestros cuerpos, nuestras vidas!

El lente jurídico sigue viendo a las mujeres como si tuviésemos una sola función en la vida: reproducirnos.
BeFunky_derecho admision.jpg
Por Katherine Angueira Navarro 4:09 am

Excusas. Más excusas. No importa el credo constitucional. El sexismo retrógrado religioso se impone. La separación de Iglesia y Estado se difumina legitimándose la violación de derechos humanos y constitucionales en contra de nosotras las mujeres.

El lente jurídico sigue viendo a las mujeres como si tuviésemos una sola función en la vida: reproducirnos. A partir de ese papel social, se construye el resto del andamiaje socio-económico y político en que se nos pisotea, humilla y degrada como ciudadanas de segunda categoría; y en ocasiones como esclavas, incluso sexuales. El rostro del menosprecio barnizado en rosa, al día de hoy lacera nuestra dignidad. Está latente en asuntos medulares que determinan nuestro destino. Se sigue negando la igual protección de las leyes. Duele escribir estas palabras. Debería avergonzarles tener que leerlas.

El país que se piensa el más adelantado en el respeto a la libertad, e invade a otras naciones en el medio-oriente para ‘salvar’ a las mujeres de sus burkas, no se salva de sus propias contradicciones sexistas. El machismo prevalece al día de hoy en la mayoría de los jueces del Tribunal Supremo de los EEUU de Norteamérica, convirtiendo sus togas negras en burkas para las ciudadanas. Mientras defienden la libertad de culto religioso al patrono, se les niega los derechos humanos y constitucionales a sus subalternas. Quien domina el capital es dueño de su destino. Como estrategas maquiavélicos se entronizan con el látigo del desprecio para mantener subyugadas a las mujeres. Quien tiene el dinero, controla a quienes no tenemos el dinero. Esa es la máxima.

La reciente decisión del Tribunal Supremo de los EEUU de Norte América en Burwell, et al vs Hobby Lobby Stores, Inc., et al (Caso #13-354, 30 junio 2014) así lo atestigua. El debate trata sobre si la definición de “persona” incluye o no ‘corporaciones sin fines de lucro’, al igual que ‘corporaciones con fines de lucro’. Por otro lado, espulga la intríngulis del ejercicio de “libertad de culto religioso”, al amparo del ‘Religious and Restoration Act’ (RFRA,1993), y la ‘Religious Land Use and Institutionalized Persons Act’ (RLUIPA, 2000). Su fin: levantar muros leguleyos en contra del derecho de escoger libremente el método anti-conceptivo de empleadas de empresas. Por sus creencias “religiosas” los patronos se niegan a sufragar seguros médicos que se utilicen para costear cuatro métodos que entienden son abortíferos—dos fórmulas de la llamada “pastilla de la mañana siguiente” (‘morning-after-pill’) y dos tipos de dispositivos intra-uterinos (Ibid, Opinión mayoritaria, p. 13). Los demandantes promulgan que “la vida” empieza al momento de la concepción; y estos métodos evitan que un óvulo fertilizado se adhiera a la pared uterina.

Por su parte, la jueza Ruth Ginsberg en su opinión disidente, cuestiona que esta decisión de un ‘alcance inquietante’ (Ibid, Opinión disidente, R. Ginsburg, p.1) abre la puerta para frenar toda suerte de práctica que se considere contrario a las creencias religiosa de un patrono; como puede ser el uso de vacunas, o pagar el salario mínimo, o igual paga a las mujeres por igual trabajo (Ibid, p. 29)…o… “transfusiones de sangre (Testigos de Jehovah); anti-depresivos (Scientologists); medicinas derivadas porcinas, incluyendo anesthesia o fluidos intravenosos, y píldoras cubiertas en gelatina (algunos musulmánes, judíos e hindúes) y vacunas (Científicos Cristianos, entre otros)” (Ibid, p. 33-34).

El subterfugio legal que enmascara posturas discriminatorias sexistas, nos recuerda la lucha librada por la activista Margaret Sanger (1879-1966) a favor del derecho al ‘control de la natalidad’. Como enfermera presenció mujeres que morían provocándose un aborto con métodos caseros. Viajó a Europa para conocer de primera mano e importar ‘ilegalmente’, a los EEUU el uso del diafragma; método anti-conceptivo de barrera. A principios del Siglo XX abrió la primera clínica de “planificación familiar” en Brooklyn, para distribuir material educativo a mujeres de escasos recursos sobre la reproducción y el uso del diafragma. Las autoridades le cerraron la clínica, arrestándola por usar el correo postal federal para distribuir material educativo por considerarse “obsceno” al amparo de la ley Comstock (1873). Como activista determinada, encarcelada hizo huelga de hambre, en repudio a dicha ley que criminalizaba el derecho humano al disfrute de una sexualidad responsable; condenándonos a las mujeres a no poder asumir control sobre nuestro cuerpo.

La lucha por el acceso a la educación sexual y el uso de métodos anti-conceptivos se ha dado paso a paso; tumbando toda suerte de escollo deshumanizado. Las artimañas leguleyas solo retratan el afán de quienes determinan de forma sexista la jurisprudencia que van legando. La lucha continúa: ¡Nuestros cuerpos, nuestras vidas!

Katherine Angueira Navarro

Psicóloga Social-Comunitaria


Nuestras Voces


Nuestras Voces

Subir