Piscinas

"Mientras el gobierno piensa en piscinas, siguen las chamaquitas pariendo sin terminar la high school y siguen los jóvenes saliéndose de la escuela pa' cogerse un turno en el punto".
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Por Alexis Zárraga Vélez, Redactor elvocero.com 4:15 am

Este fin de semana sufrimos los embates de una tormenta monga con nombre de jugadora de softball, que dejó el saldo de tres trampas de jueyes rotas, la reflexión profunda del Gobe que afirmaba que “nunca una tormenta es una ocasión para salir a la playa”, y miles de abonados sin servicio de luz con el primer amague de brisa, pero que según informes oficiales “eso es normal y cosita de to’s los días” en este mal llamado ‘primer mundo’. También sentimos la furia de una bravía Susan en Twitter y resistimos con gallardía las largas y angustiosas horas bajo la Ley Seca. Luego de ese sube y baja de intensas emociones, nos reciben el lunes con que el Departamento de Vivienda analizaba la idea de montar piscinas en los residenciales.

La noticia levantó todo tipo de reacciones: desde los gritos de los “paladines de la justicia social” que desayunan con champán, viajan a lugares exóticos dos veces al año y duermen en un mullido y elegante matress, hasta los exageraos y fanáticos de las teorías de conspiración de Andrew Álvarez que creen que todo es un plan del gobierno federal para desatar una guerra de clases y seguir perpetuando la colonia. En un país donde lo más cercano que hemos tenido a una revolución en las últimas décadas fue una pelea por televisores Funai en el Black Friday, es básicamente imposible que la clase media se vaya a alzar en rebelión contra algo, porque recordemos que están dejando el pellejo metiendo caña por un sueldo bajo y las poquitas fuerzas que tienen las dejan en el tapón de camino a su casa. Solo les quedan las cervezas los viernes y quejarse con lo que no están de acuerdo, pero en esta isla para dar tu opinión tienes que estar ‘ready’ para aguantar la avalancha de insultos que te acusarán de cuanta visne. La clase trabajadora no solo vive como el jamón de un aplasta’o sandwich, sino que ahora al parecer ni siquiera pueden quejarse de las ideas “geniales” del gobierno sin que los acusen de “insensibles” o demás epítetos. Dicen: “tírenle a los hoteles porque ellos tienen subsidios”… amigos, les recuerdo que los de clase media ni siquiera patrocinamos los hoteles porque no nos sobra ni para un miserable Cuba Libre en alguna barra de Condado.

La clase media, que lo que tiene por postre en la hora del almuerzo es escuchar a Amós Morales, aferrándose a la esperanza de “un mejor mañana”, y los fines de semana tirarse en calzoncillos en Gozalandia, ahora también tiene que callar sus quejas -producto de la impotencia- para que no los tilden de canallas.  Aportan al país pero no pueden quejarse… ¡Qué mameyote! Cánticos de serafines rubios acarician los oídos cada vez que alguna lumbrera dice cínicamente: “pues dejen de trabajar y váyanse a vivir allí”, dejando claro que la empatía hacia los del medio también está en racionamiento. La objetividad se pasea entre “ser más calle” o “ser menos blanquito” solo para consagrarse con la mayoría.

El tema de  las piscinas lleva rondando hace varios meses. Seamos sinceros: Vivienda se jugó la carta de  que iban a enseñar a nadar a los residentes para darle una cara bonita a un problema con el que vienen lidiando hace tiempo, que les está costando y que no han podido resolver sin lucir como “los malos”.

Los argumentos y láminas con números (porque los números “no mienten”, pero si movemos uno que otro cerito… ¡Zas! la historia es distinta) vienen de lado a lado. En una época en donde el país está manga por hombro, molesta saber que las prioridades del Estado están en las sínsoras del infierno. Enoja el saber que salimos a laborar cada mañana, que nos vendieron el “american dream” de que si trabajas duro lograrás lo que quieras, y que ni al Cesco se puede ir sin temor a que se forme un motín en cualquier momento.

Todos sabemos que los caseríos se formaron para ir eliminando los arrabales que existían, y que la vivienda pública se hizo con un enfoque social con la intención de que los residentes de este tipo de domicilio dieran un paso hacia la autosuficiencia; pero en las últimas décadas todo esto se ha ido al vacío y los habitantes de residenciales son usados para comprar votos y no les brindan ningún tipo de plan que fomente la autosuficiencia. Santini no le puso Internet a Llorens porque quería que todos tuvieran Facebook sin excusas ni para que gozaran de la chulería de los ‘Groupones’, lo hizo con otros propósitos. La reclamación no es directa a las personas de caserío, sino hacia como el gobierno perpetúa un sistema en el que solo algunos se fajan sin break de mejoría, y otros están embelesaos con piscinas. Aquí nadie se cabrea porque el dinero de las contribuciones sea usado para tener un país que brinde condiciones de  igualdad a los boricuas, sino que le das tus chavos al gobierno, y entre el fracatán de cosas que deberían hacer, siempre encuentran la forma de despilfarrarlo de la peor manera. Estamos chavaos… ¡Boom! construyamos piscinas.

Y mientras los riquitillos hacen sus análisis en las redes sociales y programas de radio desde su burbuja y con sus nalgas en cojines bordados en oro, hay  “pobres” que dicen “están moldíos porque las piscinas no serán pa’ ustedes”, con la mentalidad de “olvídate de eso, que se fastidie otro”, mientras crían pipa debajo de un palo de  mangó. ¿Y los del medio? Que breguen con eso.

Antes de que mis palabras sean tomadas como ataque “elitista”, dejo claro que muchísimos venimos de “los de abajo”, y sabemos lo mucho que lucharon nuestras familias vendiendo Avon y amarrando pasteles para poder ganarse lo suyo y quedar atrapados en este otro piso. Conociendo lo que realmente carecen, piscinas es lo menos que necesitan.

Necesitan oportunidades reales pa’ poder echar pa’ lante. Necesitan que se mejore la educación, y que los chamaquitos que vi crecer dejen de pensar que las Jordan dan honor, y antes de trabajar friendo pollo por el mínimo, prefieren vender droga porque deja más. Los boricuas, tanto los de clase pobre como los de clase media, necesitamos mejores escuelas para nuestros hijos y un sistema de enseñanza pública que abra mentes, no pasando nenes de grado ni que tenga maestros cobrando una centavería. Mientras el gobierno piensa en piscinas, siguen las chamaquitas pariendo sin terminar la high school y siguen los jóvenes saliéndose de la escuela pa’ cogerse un turno en el punto. Sigue el círculo vicioso de personas que ven al Estado como un papá, y este papá fracasa en la crianza de sus hijos al hacerles creer que el dinero crece en palos y que él lo distribuye sin enseñarles que los chavos no son un recurso inagotable.

No hacen falta piscinas, hace falta oportunidades de empleos para todos, porque la mentalidad del “mantengo” no va a terminar si no hay oportunidad de salir a la calle y encontrar la forma de ganarte tus habichuelas y ser bien pagado.

Al parecer las piscinas por ahora no van a ser construídas. El gobierno no sabe cómo salir de la debacle económica, ni cómo reconstruir un país, solo nos queda esperar a que el sentido común llegue… aunque sea a chorritos de agua prieta.


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