Puerto Rico: ¿Punto ciego de EEUU? (Parte II)

"Ser territorio-colonia es condenarnos al trato político de adolecer de mayoría de edad para ejercer desde la adultez la independencia psico-social, económica y jurídica"
estadidad
EL VOCERO / Archivo
Por Katherine Angueira Navarro 4:00 am

A veces hay que re-enfocar la mirada, saliendo del microcosmo para mirar el macro. Se nos ha hecho pensar que la deuda pública acumulada del Estado Libre Asociado de Puerto Rico (ELA) de cerca de $73 billones producto de la mala administración, el despilfarro, y corrupción es responsabilidad del Pueblo, y cómo tal la fuente de repago son las alcancías privadas de la ciudadanía que serán espulgadas hasta su último centavo. A instancias de un estudioso en derecho internacional, nos dimos a la tarea de desmontar dicho discurso, revisando información sobre el debate existente sobre en quién recae la deuda pública en situaciones coloniales–¿la metrópoli o la colonia?   ¿Hay que esperar o no un cambio de estatus en que el territorio-colonial  deje de existir, para reclamarle a la Metrópoli bajo la doctrina de ‘borrón y cuenta nueva’ que asuma su responsabilidad sobre la deuda?

Ser territorio-colonia es condenarnos al trato político de adolecer de mayoría de edad para ejercer desde la adultez la independencia psico-social,  económica y jurídica.  Sujetos al mandato de la Metrópoli, el territorio-colonia tampoco se permite sentarse en una mesa para establecer un diálogo entre iguales con su Amo.  La Metrópoli comanda la relación paternalista-autoritaria, en apariencia dando rienda suelta para que el territorio-colonial adolescente, juegue a ser adulto. Se le provee la oportunidad de preparar su propia cartilla de reglas a ser ratificadas por la autoridad de la Metrópoli. Cuando el/la adolescente se sale del cauce permisible, la Metrópoli como figura ‘paternal’ recoge vela; porque de lo contrario, sabe que es responsable por sus malos pasos.  Se podrán hacer de la vista larga, a sabiendas que tendrán que responsabilizarse por los desmanes en sus territorios-colonias, como escudos para sus propios intereses.

Como tranquilla a independizarse, al territorio-colonial se le coarta, sin el  permiso de la Metrópoli,  entrar en acuerdos con terceros.  Dicha infantilización  impide que el territorio-colonia asuma su responsabilidad para desarrollarse económicamente.  Como medida de mitigación, en el jardín de infantes se nos ‘obsequia’ con dádivas para la subsistencia,  aunque  sean despilfarradas o jugadas en la ruleta del mercado de valores.  La realidad ha puesto en evidencia, que poco importa si se puede o no cumplir con el deber de la ‘cartilla’ para pagar los préstamos o si se administra un presupuesto balanceado.  Por otra parte, vedados de la mesa de negociación en igualdad de condiciones, a pesar de que tenemos mayor población de cerca de la mitad de los 50 estados, se nos ha hecho pensar que nada tenemos que exigir.

Husmeando en los baúles de la memoria histórica, para enfrentar a la Metrópoli con sus andanzas, recordemos el propio tracto de EEUU.  Como parte de los acuerdos del Tratado de París (10 de diciembre 1898) en que Puerto Rico fue cedido como botín de guerra a los EEUU (Art. II), también la Corona Española “renunció a todo derecho de soberanía y propiedad sobre Cuba” (Art. I).  No obstante, señala Christoph G. Paulus que a pesar de que no hubo mención en el tratado sobre quién asumiría la deuda pública de Cuba, sí se discutió álgidamente (“The evolution of the ‘Concept of Odious Debt’, ZaöRV 68, 2008, p. 399).  Mientras la Corona Española rechazaba que fueran responsable sobre la “deuda cubana”, los EEUU argumentó que la deuda de una colonia española era responsabilidad de la Corona Española.  Los EEUU entendía que era una “deuda puramente Española porque el dinero se utilizó para la preservación de los intereses españoles en Cuba”.  Como tal fue una deuda impuesta a la fuerza y Cuba, como colonia, no pudo resistirla (Ibid).

Interesantemente, este debate ocurre con el traspaso de una colonia (Cuba) de un imperio (España), a otra nación (EEUU).  ¿Habrá que esperar que Puerto Rico cambie de estatus político, para que EEUU asuma la deuda pública de su territorio-colonia o la va absorber para mantener su régimen colonial?   Por otra parte, si el ELA se entierra como estatus, y surge una nueva entidad política, sea el estado 51 dentro de los EEUU o un país independiente, se debatirá la doctrina de “tabula rasa” o “borrón y cuenta nueva”. ¿La nueva entidad es o no responsable, sobre los desmanes de la entidad política ya inexistente?  Por su parte, parecería que el nuevo Movimiento de Reintegración a España (MRE) que ha surgido en Puerto Rico, tendría un nuevo argumento.  Al reintegrarnos a la Corona Española, 116 años más tarde,  ¿España le aplicaría a EEUU su propia doctrina de la deuda cubana del 1898, exigiendo que pague la deuda del ELA?  ¿Jaque mate a la vista? (Continuará)…

Katherine Angueira Navarro

Psicóloga Social-Comunitaria


Noticias Relacionadas

Nuestras Voces


Nuestras Voces

Subir