¡Que renuncie el secretario!

"Me imagino que muchos de mis lectores pudieran hacer lo más fácil, reclamar la renuncia del secretario, Rafael Román, pero yo digo enfáticamente que, nacarile"
Rafael Roman
EL VOCERO / Archivo
Por José Castrodad, Ph.D 4:00 am

Con parchos en Educación no es suficiente. Nuevamente, frustrado con los resultados de las Pruebas Puertorriqueñas y el liderato del DE parece conformarse con que adelantamos un poquito. Digo que, si estuviéramos bien, adelantar un poquito sería muy bueno, pero si estamos mal, adelantar un poquito es muy malo.

Y cada año, los puertorriqueños esperamos los resultados de las pruebas con la misma expectativa con que nosotros los varones esperamos nuestros regalos el Día de los Padres sabiendo que nos darán medias, una corbata y calzoncillos. Nada extraordinario.

Sin embargo, seguimos con los parchos cuando hay que poner al gato patas arriba. Y es que, según datos suministrados por el DE sobre las Pruebas, este año en matemáticas un 31% pasó y se alegran porque ello representa un aumento de 3% en comparación con el año pasado, que se quedó en 29 %. Lo que no dicen es que el 69% fracasó en esta materia.

En español, solo un 46 % de los alumnos tuvieron una puntuación proficiente, por lo que el 54 % no aprobó la materia. Mientras, en inglés un 58% tampoco dominó la materia. Por último, en ciencias un 53 % falló.

Me imagino que muchos de mis lectores pudieran hacer lo más fácil, reclamar la renuncia del secretario, Rafael Román, pero yo digo enfáticamente que, nacarile. El hombre es competente, pero tiene las manos llenas de trabajo y de problemas y está rindiendo el máximo de esfuerzo con un paquidermo salvajemente burocrático, las herramientas viejas y anquilosadas y un presupuesto recortado. Como diría mi santa madre, por lo menos el secretario es apechú y da la cara.

Ciertamente, tenemos a un secretario de Educación aburado y enfrascado en proveer maestros, transportación, lápices, limpieza y seguridad en los planteles y papel de inodoro a las escuelas -cosas puede hacer otro que ni tiene que ser un educador-, restándole el espacio necesario para la reflexión educativa, la investigación y análisis de nuevas propuestas educativas.

Siguiendo la línea, he venido proponiendo que separemos lo administrativo de lo educativo per se y dejar que sea un administrador el que corra el Departamento. Entonces podemos crear una Junta o Comisión de Educación, que presidiría el secretario de Educación, encargada de establecer la política pública, asegurar su cumplimiento, recomendar el presupuesto anual, someter los procesos a todo tipo de evaluación, evaluación del aprovechamiento de los estudiantes, garantizar la calidad de los maestros, evaluar iniciativas e innovaciones, trabajar con la alta deserción escolar, evaluar los currículos y producir los cambios que estime de manera efectiva.

Por otro lado, generalmente confundimos la instrucción con la educación. La educación es algo que va más lejos. Usualmente, medimos memoria confundiéndola con aprovechamiento. Pues, no. Aprovechamiento es comprensión y va más lejos que recitar unos datos. Se trata del darle significado, uso y aplicación a ese conocimiento para que sea aprovechado. Y hay modelos trabajados para eso.

Por ejemplo, la educadora australiana Sherley Grundy presentó un modelo a esos efectos en tres niveles: el Técnico, el Práctico y el Emancipador.

El Técnico es el más simple y es donde se encuentra la educación puertorriqueña. Se basa en proveer los conocimientos al niño para sobrevivir y competir en la realidad económico- industrial en que vivimos.

El segundo nivel es el Práctico. Este se basa en la necesidad de convivir con otros en sociedad sin matarnos.

Además, el propósito es que los estudiantes puedan abstraer las diversas situaciones que ocurren en las interrelaciones sociales, como por ejemplo, los servicios del gobierno, la atención de los enfermos de SIDA, los problemas en la AEE, la reducción en la producción agrícola, etc. a fin de que puedan describirlas, discutirlas, comprenderlas, debatirlas para de ahí partir a la producción de propuestas sobre cómo mejorar las cosas.

Y el tercer nivel es el Transformador-Emancipador-  que los prepara para  poder identificar y realizar los cambios que hay que hacer en la sociedad de manera que todos podamos vivir en ella en armonía, paz y equidad.

Por otro lado, como he señalado anteriormente, allá afuera de los planteles, vive un monstruo creado para no verse. Permanece, invisible para los ojos no entrenados. Lo han vestido de colores, sonidos y magia. Ese monstruo, no es otra cosa que el espectáculo de consumismo de excesos y las maniobras de poder de la economía, que produce y reproduce las injusticias y las desigualdades de clase. Esos pretenden que toda la sociedad se convierta en una Plaza Las Américas, donde todo está a la venta.

Entonces, no se trata de poner parchos para que el estudiante salga mejor en las pruebas sino de hacer transformaciones para que el estudiante conozca, aproveche el conocimiento y sea competitivo, viva en paz y solidaridad y sepa desbaratar la fantasía del espectáculo que los quiere explotar. De eso se trata la educación.

José Castrodad, Ph.D

Periodista, educador y colaborador de El Vocero


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