Representa

Javier De Jesús Martínez, decano de la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, analiza la importancia de aprobar una reforma energética en el País.
Javier De Jesus
Por Colaborador EL VOCERO 2:52 pm

El debate público en torno a una reforma energética en Puerto Rico es inaplazable. Muchos coinciden, incluyendo al Centro para una Nueva Economía, en que el proyecto que aprobó el Senado de Puerto Rico recientemente es de los esfuerzos más serios e históricos que se haya hecho para atender nuestros altos costos energéticos.

Es por esto que considero indispensable visualizar qué representa reformar la producción energética del País en el contexto de nuestras vidas, familias, comunidades, ciudades y regiones. En otras palabras, para nuestra cotidianidad.

Esta tarea es compleja. Más aún cuando las gestiones para reducir los costos energéticos deberían implicar convertir esos proyectados ahorros en reinversiones socioeconómicas estratégicas y garantizar un desarrollo sostenible para Puerto Rico.

Si el costo energético se reduce al menos en un 25%, es decir, unos 7 centavos por kilovatio-hora, la economía recibiría una inyección de cerca de mil millones de dólares. Un alivio energético de esta magnitud constituye, por ejemplo, contar con el capital necesario para el dragado del Caño Martín Peña y que 20,000 puertorriqueños puedan mejorar su medio ambiente comunitario y eco-sistémico.

Por otra parte, las economías en la producción de energía también servirían, entre muchas otras alternativas, para:

• Crear un Fondo de Investigación y Desarrollo de Nuevas Tecnologías para Energías Renovables y Limpias enfocado en la comercialización de propiedad intelectual local con capacidad de ahorro interno y exportación internacional.

• Asegurar la movilidad social de miles de comunidades en sus accesos físicos, sociales, comunitarios, comunicativos y tecnológicos. Si el ahorro se reinvierte en instituciones como SER de Puerto Rico o El Centro para Puerto Rico para continuar y ampliar sus servicios de excelencia a poblaciones y demografías con necesidad, estaríamos igualmente apostando a nuestro País.

• Capitalizar el Banco de Desarrollo Económico para apoyar con financiamiento preferencial a nuevos empresarios con visión y productividad que marcarán la generación transicional de una clase media trabajadora a una clase media empresarial y emprendedora.

• Asignar recursos al Banco de la Vivienda para abrir un Programa de Retención de Viviendas y Nuevas Viviendas Asequibles y de Interés Social dirigido a familias afectadas por los años de recesión económica.

• Desarrollar una infraestructura urbana, regional y nacional de transporte colectivo de acuerdo a nuestras realidades económicas y geográficas.

• Mitigar las deudas de préstamos estudiantiles de jóvenes profesionales que experimentan una economía en transformación y fortalecer el Fideicomiso de Ciencias y Tecnología.

• Impulsar las industrias creativas como una nueva estrategia de desarrollo económico y para la revitalización urbana basada en la innovación e interacción abierta entre academia, industria, comunidad y gobierno. Nuestra experiencia y rendimiento en la revitalización universitaria y urbana es un excelente modelo a seguir.

• Asignar recursos para encaminar un plan de adquisiciones de terrenos de alto valor ecológico como los delimitados en el proyecto del Bosque Modelo que promueve Casa Pueblo.

• Viabilizar la Ley de Calles Completas para garantizar el acceso y disfrute del espacio público por todos los ciudadanos de suerte que nuestros niños y adultos mayores cuenten con una movilidad urbana segura.

• Activar la industria agrícola de café y azúcar para revitalizar las antiguas haciendas y centrales, activos industriales y paisajes culturales vitales para el posicionamiento del agroturismo como un vector económico.

Estas son políticas públicas que, a nivel general, cuentan con un apoyo político amplio. El País debe exigirlas y participar en su implantación. Un alivio en los costos energéticos representa, entonces, la posibilidad de reconstruir a Puerto Rico.


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