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Restos en Nueva Zelanda no son de avión

Los objetos detectados desde aviones en la búsqueda de indicios del vuelo 370 en la zona de búsqueda al oeste de Australia han resultado ser basura marina.
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Por AP 3:38 pm

WELLINGTON, Nueva Zelanda — A veces el objeto avistado en el agua es una línea de pesca enredada o una boya. Puede tratarse de los restos de lo que alguna vez pudo haber sido la tapa de una hielera. Los objetos recuperados del mar hasta ahora, sin embargo, han sido pistas de lo que le pasó al avión de Malaysia Airlines desaparecido hace más de tres semanas.

La expectativa creada por alguno de estos objetos flotantes se ha vuelto frustración en varias ocasiones. Los objetos detectados desde aviones en la búsqueda de indicios del vuelo 370 en la zona de búsqueda al oeste de Australia han resultado ser basura marina.

Estos objetos no sólo son una distracción y una pérdida de tiempo para las tripulaciones aéreas y marítimas en busca de posibles restos del avión que desapareció el 8 de marzo con 239 personas a bordo, sino que también revelan los problemas más amplios que padecen los océanos del mundo.

“El océano es como una sopa de plásticos flotantes, en la que estos objetos más grandes flotan como crotones”, dijo el capitán Charles Moore, de Los Angeles y defensor del medio ambiente. A Moore se le acredita haber atraído la atención a una zona del océano entre Hawái y California conocida como Great Pacific Garbage Patch (conocida en español como “Sopa de plástico” o “Remolino de basura del Pacífico”), que según algunas versiones tiene el tamaño de Texas.

Los océanos del mundo tienen otros cuatro de estos vórtices que recolectan restos flotantes, dijo Moore. Los investigadores inspeccionan el borde oriental de uno de estos remolinos en el Océano Índico, a unos 1.850 kilómetros (1.150 millas) al oeste de Perth.

“Es como un inodoro tapado, que hace remolinos sin desalojar los desechos”, dijo Moore.

Estas grandes zonas de desechos flotantes no tienen ningún parecido con un basural típico de una ciudad. De hecho, la mayor parte de la basura ni siquiera se puede ver: Se trata de pequeños trozos de plástico que flotan justo por debajo de la superficie.

Los objetos más grandes en estos remolinos también tienden a ser de plástico y a menudo están relacionados con la pesca, dijo Moore. No obstante, dijo haberse topado también con bombillas y un asiento de inodoro. Dijo que frente a la costa de California vio flotando un refrigerador, con todo y jugo de naranja descongelado.

El oceanógrafo de Seattle Curtis Ebbesmeyer ha estado estudiando el fenómeno de la basura en los océanos desde hace años. Dijo que también hay pequeñas aglomeraciones de basura que se acumulan dentro de los remolinos.

“Si usted va a una casa se topará con bolitas de polvo”, dijo. “El océano tiene una masa de bolitas de polvo, cada una moviéndose alrededor de 10 millas (16 kilómetros) al día”.

Ebbesmeyer dice que le impresiona la basura que arrojan los cientos de contenedores que caen por la borda de buques de carga cada año. Hay uno, agregó, que sigue eructando piezas de Lego que acaban en las playas de Cornwall, Inglaterra. De otro salieron unos 2.000 monitores para computadora. Otro más lanzó a la superficie miles de pares de zapatillas Nike.

Dijo que a veces los propios contenedores pueden convertirse en un peligro, pues pueden flotar durante meses, ayudados por los objetos de plástico en su interior o por el aire atrapado detrás de las puertas herméticas. La basura también llega al océano después de ser llevada por ríos o arrastrada por tsunamis, dijo Ebbesmeyer.

A los científicos les preocupan particularmente los objetos de plástico pequeños como bolsas, botellas de plástico para agua y artículos para el hogar. Las olas rompen estos objetos en pedazos más pequeños.

Denise Hardesty, una investigadora de la agencia científica australiana CSIRO, dijo que los estudios en los que ella ha participado estiman de forma conservadora que hay entre 5.000 y 7.000 pequeñas piezas de plástico por kilómetro cuadrado en las aguas que rodean Australia.

Añadió que unos dos tercios de las aves marinas a las que ella les ha realizado necropsias ingirieron por lo menos alguna pieza de plástico. Dijo que un ave en particular había tragado 175 piezas. Otra ave, dijo, se tragó todo un tubo de plástico de los que producen luz por reacción química y que era más largo que un dedo. Algunos pescadores usan estos tubos para atraer a los peces bajo el agua.

AP

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