Semana demente

"Las noticias de hoy viernes y de toda la semana...lejos de tranquilizarnos, nos alertan a que los días de la AEE como la hemos conocido hasta ahora están contados".
Capitolio
EL VOCERO/Agustín Santiago
Por Editorial, EL VOCERO 4:00 am

Einstein tenía razón. Hay que estar loco para pensar que haciendo lo mismo una y otra vez vamos a obtener resultados distintos.

La semana que está a punto de terminar nos trajo tres buenos ejemplos de por qué Puerto Rico necesita una transformación profunda si es que vamos a mantener viva la esperanza de un futuro mejor en esta tierra.

Haciendo lo mismo, tuvimos el lunes, nuevamente, un desastroso comienzo del curso escolar. Setecientos maestros por nombrar, servicios de transportación sin contratar, asistentes de servicios especiales por reclutar…un escandaloso desbarajuste administrativo que resultó en que 100,000 estudiantes—uno de cada cuatro niños en el sistema de educación pública—no asistieran a la escuela el primer día. Una cuarta parte de nuestra población escolar no pudo empezar su semestre como debió haberlo hecho. Y como si eso no fuera suficiente locura, el secretario de Educación tuvo el descaro de decretar, durante su gira mediática del lunes, que este fue el comienzo de curso escolar más exitoso en años.

El Departamento de Educación tiene décadas de experiencia, el presupuesto más grande de todo el gobierno, una nómina gigantesca y una población escolar cada día más pequeña. Y aun así, con muy pocas excepciones, año tras año, administración tras administración el comienzo del curso escolar es un desastre.

Haciendo lo mismo, llevamos más de una década desperdiciando el potencial de desarrollo económico que encierra la antigua base naval de Roosevelt Roads. Fue una buena noticia el jueves que finalmente haya algún movimiento en el proceso de seleccionar el desarrollador del plan maestro. Pero el modesto avance palidece en comparación con la  enorme pérdida que hemos acarreado ya por tener este extraordinario activo sumido en un pantano burocrático del que cuatro administraciones han sido incapaces de sacarlo.

Tal como ocurrió con la base aérea de Ramey hace más de 40 años, y el puerto de trasbordo en tiempos más recientes, a no ser que cambiemos radicalmente la actitud pasiva y burocrática que ha prevalecido hasta ahora, Roosevelt Roads pudiera estar en vías de convertirse en otra promesa incumplida de desarrollo económico para Puerto Rico.

Y haciendo lo mismo, solo que cada vez peor, la Autoridad de Energía Eléctrica está a punto de colapsar. El colosal y prepotente monopolio, con su clientela cautiva de millones de abonados residenciales comerciales e industriales, nos cobra una de las tarifas más altas en el mundo y amenaza con subirla,  pero no puede pagar sus deudas, ha dejado de pagar la contribución patronal al retiro de sus empleados, vale menos que lo que debe y está a punto de irse a la quiebra.

Las noticias de hoy viernes y de toda la semana—amenaza de alza tarifaria, fuego cruzado entre el Ejecutivo y la Legislatura en cuanto a la implantación de la Reforma Energética, renegociación de líneas de crédito para compra de combustible a tasas de impago, incertidumbre en cuanto a los procesos de posible quiebra y restructuración de su deuda y continua falta de transparencia por parte de la gerencia de la Autoridad—lejos de tranquilizarnos, nos alertan a que los días de la AEE como la hemos conocido hasta ahora están contados.


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