Tanto da la gota en la piedra…

"La alternativa es sencilla"
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EL VOCERO / Archivo
Por Thomas Rivera Schatz, Ex presidente del Senado 4:00 am

… hasta que le hace un agujero. Puerto Rico está despertando. Un sector cada vez mayor de nuestra gente comienza a entender los siguientes puntos esenciales, que son verdades incuestionables:

(1) Como colonia, el ELA ha pretendido vivir el estilo de vida de un estado de la Unión pero teniendo una participación muchísimo menor que los estados de la Unión en la distribución de los fondos federales.

(2) La principal responsabilidad de la quiebra de Puerto Rico recae sobre el ELA que durante décadas ha limitado drásticamente nuestros recursos económicos y poderes políticos en comparación con los estados de la Unión.

(3) Por la ausencia y carencia de esos miles de millones en fondos federales que nos quita el ELA, los gobiernos coloniales han tenido que tomar prestados más de $70 mil millones para realizar las obras y así complacer las expectativas de una población que, en efecto, quiere vivir ese “estilo de vida americano”. La calidad de vida que disfrutan en los estados de la Unión.

(4) Como consecuencia de recibir menos fondos federales que los estados y pretender vivir a su nivel, el ELA ha impuesto sobre el pueblo altas tasas contributivas y tarifas abusivas. Sin duda, las más altas de los Estados Unidos.

(5) La ausencia del poder político que representan el voto presidencial y la representación congresional, mantienen a este pueblo en el rango de no contar “ni pa’ pool, ni pa’ banca” a la hora de tomarse decisiones que afectan nuestra vidas.

(6) La continuidad y permanencia en este sistema colonial de desigualdad y desventajas, provoca un deterioro económico y social cada vez peor.

(7) El ingreso de Puerto Rico como estado de la Unión nos daría acceso inmediato a fondos federales suficientes, a nuevas inversiones y al poder político para sufragar, sin problemas, la deuda pública, recuperar el crédito, cubrir los gastos operacionales del gobierno sin quitarles derechos a los trabajadores y bajar las tasas contributivas, inclusive.

Los mitos se han derrumbado. El cuento aquel de “lo mejor de dos mundos” se ha convertido en lo peor del mundo. Los anuncios aquellos de “Minga y Petraca” en videos desde New York, metiendo miedo con el supuesto “sales tax” de la estadidad. Aquello de que se pagaba impuestos hasta por respirar, también se derrumbaron. Irónicamente fue el mismo Partido Popular el que, buscando “aire” para la colonia agonizante, impuso en el ELA el “sales tax” o el IVU de 7%, y ya dicen que lo quieren elevar a 11%.

Los mitos de esta colonia han llegado al extremo, por ejemplo, que le han hecho creer a mucha gente que los precios de los automóviles en el ELA son los más caros de los Estados Unidos porque hay que traerlos en barco. Eso es absurdo. En esta colonia los automóviles son los más caros porque el gobierno colonial les impone unos arbitrios altísimos. Lo hacen para sostener el ELA, en ausencia de los fondos federales que no recibimos por ser colonia. Porque una colonia que recibe menos fondos federales, pero quiere vivir el estilo de un estado, tiene que sacarle el dinero a la gente hasta de las entrañas.

Ahora el nuevo mito, para justificar a la colonia y a este gobierno incapaz, es que el endeudamiento de Puerto Rico es culpa de las administraciones anteriores. Esa es la demagogia que le hace sentido a los incautos que viven resentidos con cualquier gobierno. Por supuesto que ha habido gobiernos buenos y malos pero la verdad es otra. Esos mismos incautos que han querido autopistas, carretas, puentes, escuelas, servicios médicos, sistemas de agua y electricidad y todo lo demás al “estilo americano”, pero que no saben de dónde se financia y se paga han pretendido la satisfacción inmediata sin medir consecuencias futuras. Ese juego de apariencias acabó. Ahora el engaño colonial del ELA tiene que pagar las facturas.

La alternativa es sencilla. Si queremos vivir al “estilo americano”, tenemos que ser un estado de la Unión. Tenemos que convertirnos en el Estado 51; ahí está la solución y la esperanza. Lo demás… son cuentos de camino.


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