Continuar a ElVocero.com

Temperamento judicial y desamparo en Macondo

Ante declaraciones del jefe del FBI, nuevamente la judicatura del país ha quedado indefensa
mallete
Por Hugo Rodríguez Díaz 4:02 am

El pasado viernes pensé que los seres más desamparados de nuestro sistema de Justicia eran los jueces de primera instancia que presiden salas penales.

Ante declaraciones del jefe del FBI, nuevamente la judicatura del país ha quedado indefensa. Demostrando más gracia para la hipérbole que para la metáfora, Carlos Cases se atrevió a comparar el sistema judicial puertorriqueño con el fantasioso Macondo, ese lugar donde se desarrolla la novela emblemática del Realismo Mágico, Cien años de soledad.

El juez presidente del Tribunal Supremo de Puerto Rico reaccionó al embate convocando una reunión, en donde, lejos de defender la rama constitucional que dirige, pareció validar los ataques inicuos a la judicatura local. Las imágenes difundidas por la prensa, con el juez presidente y el secretario de Justicia al centro, flanqueados por el talante de soberbia de la fiscal federal y del policía Cases, bien podrían ilustrar la portada de una versión criolla de Le portrait du colonisé. Ni en el Macondo garcíamarquiano que tanto le gusta al FBI, se vería a unos funcionarios en posición tan desgarradora.

El sistema de Justicia de Puerto Rico tiene defectos. ¿Qué institución no los tiene? Pero es un sistema de avanzada. Las ramas del gobierno están divididas y cada una tiene su función. A la Rama Judicial no le toca acusar ni presentar la prueba inculpatoria. Esos son deberes de la Rama Ejecutiva. La Judicial recibe evidencia, la aquilata y decide con sujeción a la prueba y al derecho. Nada más puede entrar en su juicio. Las encuestas de opinión pública no tienen cabida en ese ejercicio mental.

No hay un fracaso de la Justicia cuando alguien queda libre. Significa que la rama ejecutiva, representada por la fiscalía, falló en mover la discreción a su favor. Y si un tribunal tiene que declarar no procesable a un imputado, no es porque el juez se convirtió en psiquiatra. Se basa en el testimonio pericial de un facultativo que ha evaluado al individuo, y que ha estado sujeto a ser contrainterrogado por el fiscal de sala.

El temperamento judicial y la independencia judicial han sido reconocidos por el juez presidente como virtudes del buen juez. En conjunto, describen la facultad de cada juzgador de resolver los casos y mantener la ecuanimidad, a prueba de toda clase de presiones o situaciones difíciles. Qué fácil es ensalzar la virtud en abstracto y qué arduo proteger a los que la practican cuando son atacados. Me atrevo a aseverar que los jueces de instancia ejemplifican la valentía encarnada en estos pilares del sistema, sin postrarse a los halagos mediáticos. Por suerte, esa tara no los ha contaminado.

El pasado viernes pensé que los más desamparados eran los jueces que presiden salas penales. Hoy sé que no tenía razón. La gallardía silenciosa con que ejercen la independencia judicial, sin importar las críticas de quienes se sienten superiores, es un escudo impenetrable y justiciero. Se nota quién es el más desvalido al ver su actitud obsecuente.

Hugo Rodríguez Díaz

Abogado, escritor y colaborador de El Vocero


Noticias Relacionadas

Nuestras Voces


Nuestras Voces

Subir