Tributo a la música que no envejece

Kianí Medina e Ileana Cabra cautivaron al público este fin de semana en el espectáculo Tributo en 33Rpm
Ileana y Kianí fundieron sus voces en "Tu amor" de Charly García
SUMINISTRADA - Gabriela Ríos
Por Orlando Vélez, EL VOCERO 5:22 pm

El personal ambiente de una de las salas de la Fundación para la Cultura Popular fue el perfecto marco para presenciar dos noches de música que no se parecen a ninguna otra que hayamos presenciado recientemente en Puerto Rico. Más aun, tendríamos que remontarnos a otras décadas, aunque en espacios muy similares y cercanos, para poder ubicarnos en un ambiente que contara con la cotidianidad y la mística musical que en esa sala habitó durante el espectáculo Tributo en 33Rpm, protagonizado por las jóvenes cantantes Ileana Cabra y Kianí Medina el pasado fin de semana.

Con un repertorio variado, a veces incluso inesperado, desde temprano algo quedó muy claro: estas chicas escogieron las canciones que a ellas les hubiese gustado escuchar. El denominador común no eran ritmos, épocas, ni mucho menos estilos, el denominador común era ver cómo pieza tras pieza, quedaba constatado que estas artistas se disfrutaban cada verso de los temas escogidos para este íntimo evento.

Kianí Medina, ex corista de Cultura Profética y una joven ya veterana de la escena musical boricua, comenzó la velada con dos piezas que bien podrían marcar la tónica del resto de la noche: En Mis Sueños, hermoso bolero ‘cortavenas’ de Sylvia Rexach, seguida por Bajan del argentino Luis Alberto Spinetta. No sería ni el último bolero ni la última canción de un roquero argentino que habríamos de escuchar en la noche. Kianí desplegó toda su melodiosa pero potente voz, y destacó su particular estilo interpretativo y sus ya característicos y contagiosos “solos de boca” que seguramente practicó desde niña con su padre, el músico y cantante Jerry Medina, de quien volveremos a hablar más adelante.

Ileana, por su parte, comenzó su intervención con La Máscara de Edmundo Disdier, la cual siguió con la danza Amor Perdido del maestro Ladislao Martínez y popularizada por la reina de la danza Julita Ross. El repertorio de Ileana fue intensificándose durante la noche, y el contraste entre su entrega al momento de interpretar, con la cotidianeidad de las explicaciones sobre los temas que iba cantando, daban el aire de un artista natural, al cual le sobra la tarima y le basta solo con la música.

El ambiente, un edificio colonial decimonónico colindante con los legendarios bares Ocho Puertas y La Guitarra, y el bien escogido acompañamiento musical también contribuyeron a crear la mística de la velada. El piano de Jorge “Bebo” Rivera pisando los talones del cadencioso bajo de Miguel López le daba una autenticidad a las interpretaciones que pocas veces tenemos la oportunidad de ver. Vamos, que esto no se sentía como un show en el Choliseo; ni en Bellas Artes. Era otra cosa.

Charlie García, Duke Ellington, Fito Páez, Mercedes Sosa y hasta John Lennon pasaron por el escenario de la Fundación a través de las voces de Cabra y Medina, quienes dejaron claro que era su concierto, el que ellas quisieran interpretar, y el que ellas quisieran presenciar. Uno pudiera pensar que sus voces son un tanto desperdiciadas con temas relativamente sencillos para sus poderosas gargantas, como los de los roqueros argentinos, pero Kianí e Ileana probaron que son más que una bonita voz: son artistas totales, esas que usan sus voces para llevar un mensaje, para decir algo, y no únicamente para entretener oídos.

La velada, que contó con dos actos divididos en pequeños sets individuales de dos canciones por cada una de las cantantes, se intensificó fuertemente cuando Jerry Medina subió al escenario con su hija para acompañarla con la trompeta y hasta improvisar una estrofa en el tema “Canción” del cubano Nicolás Guillén, que popularizara Pablo Milanés y que conocemos como “De Qué Callada Manera”. Jerry y Kianí le añadieron a la Canción (valga la redundancia) un sabor especial; ese que se lleva en el DNA, ese que solo se hereda y que no se hurta ni se aprende.

Ese tema y ese ambiente sirvieron de preámbulo perfecto para uno de los (si no él) momento culminante de la noche, la interpretación del tango Balada para un Loco por parte de Ileana. La joven cantante hizo suyo desde muy rápido el curioso, complicado y largo tema, uno difícil de cargar pues más que cantarlo, se interpreta. Fue muy agradable ver la transformación de la Ileanita tímida que habla entre canción y canción, casi sin querer hacerlo, a la intérprete llena de pasión que tan pronto comenzó con el “Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué se yo…”, acento argentino incluido, cautivó a todos los asistentes de la sala, quienes la premiaron al finalizar la canción con una merecida ovación de pie.

El tema elegido para cerrar el show fue otra prueba de que estas chicas no venían a cantarnos canciones bonitas y ya; ellas se presentaron ante el mundo justo como son y como piensan y el tema “Hermano boricua”, con su temática revolucionaria e independentista, fue un perfecto cierre para una noche intensa, variada y nostálgica.

Finalmente y para el que tenía dudas: estas chicas no están relajando, hay que tomarlas a ellas y a su música en serio. No les quiten el ojo.


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