Un Gabo acompasado asoma ‘En agosto nos vemos’

Así se lee el Premio Nobel de Literatura colombiano Gabriel García Márquez en su novela inconclusa, de la que se reveló el primer capítulo
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Por Jorge Rodríguez, EL VOCERO 4:02 am

Con un dejo conspicuo aparente, con la obra teatral ‘Una vez al año’ (‘Same Time, Next Year’, en su versión original) de Bernard Slade, donde un contable de Nueva York y una ama de casa de California —ambos casados y con hijos—, pasan en una posada del norte de California una noche embrujadora como amantes; aparece el primer capítulo de la última novela del Premio Nobel de Literatura colombiano Gabriel García Márquez (1927-2014), ‘En agosto nos vemos’, donde Ana Magdalena Bach de 52 años, felizmente casada, vive una torrente aventura sexual de solo una noche, un 16 de agosto, con un hombre que conoce en el bar de su hotel.

El periodista Javier Ortiz en su artículo ‘Hasta siempre Gabo, Novela’, publicado en el blog cubadebate.cu, rescata para los lectores este primer capítulo de una publicación póstuma e inconclusa, que se encontraba en proceso de revisión cuando la salud faltó al inmortal autor de ‘El amor en los tiempos del cólera’. El redactor se aseguró de divulgar que el editor Cristóbal Pera esperaría la decisión de la familia del artista, para publicar esta novela aunque, como apunta, el diario español La Vanguardia ya había publicado el primer capítulo del libro, que el diario colombiano El Tiempo reseñó.

Este dice: “Es la historia de una mujer de la alta sociedad que va a visitar cada agosto una ciudad balneario en la costa de Colombia, una historia inicialmente concebida por Gabo para cuentos —publicó dos, uno en El País y otro en The New Yorker—, y que finalmente decidió convertir en una novela. Cada capítulo del relato contaba una de las visitas de la mujer, pero se trata de una novela inconclusa (y a medio revisar) que Gabo se llevó con él su final”, matizó Ortiz.

Contrario a otras de sus novelas, esta narración es más acompasada, más diestra en una descripción tradicional, con un lente omnisciente, exacto, que no deja nada a la interpretación. Es un Gabo que adviene a una relación romántica entre personas maduras, sin adivinanzas que hacer, objetos de sus circunstancias.

Así comienza ese primer capítulo de ‘En agosto nos vemos’:
“Volvió a la isla el viernes 16 de agosto en el transbordador de las dos de la tarde. Llevaba una camisa de cuadros escoceses, pantalones de vaquero, zapatos sencillos de tacón bajo y sin medias, una sombrilla de raso y, como único equipaje, un maletín de playa.

En la fila de taxis del muelle fue directa a un modelo antiguo carcomido por el salitre. El chófer la recibió con un saludo de antiguo conocido y la llevó dando tumbos a través del pueblo indigente, con casas de bahareque y techos de palma, y calles de arenas blancas frente a un mar ardiente. Tuvo que hacer cabriolas para sortear los cerdos impávidos y a los niños desnudos, que lo burlaban con pases de toreros. Al final del pueblo se enfiló por una avenida de palmeras reales, donde estaban las playas y los hoteles de turismo, entre el mar abierto y una laguna interior poblada de garzas azules. Por fin se detuvo en el hotel más viejo y desmerecido”.

Con una narración muy detallada, se revelan 28 años viajando una vez al mes de cada año, para repetir cada ritual íntimo suyo, que la devuelve con sus manías y costumbres a un puesto de flores de un mercado popular para comprar un acostumbrado ramo de gladiolos que la llevaría a un cementerio triste de los pobres. Allí logró reconocer la lápida de mármol amarillento con el nombre de su madre y la fecha de su muerte, de 29 años antes, a la que solía darle las noticias de su casa, con datos confidenciales, para los que creía recibir respuesta en sueños, con la certeza racional de que la comunicación con su madre continuaba después de su muerte.

Así las cosas y, después del escritor recrear la caracterización de su personaje al punto y el ambiente tropical que la cobijaba, la pone a bajar al bar de su desvencijado hotel y a sentirse humillada por comer sola. Pero vio a un hombre distinto que no había visto entrar vestido de lino blanco, como en los tiempos de su padre, pidió una ginebra con hielo y soda, se conocen y aún sin haber terminado ya estaba sentada a su mesa. Ella lo pastoreó con su tacto fino, como alude el narrador, y ya a las once, le conocía ya como si hubiera vivido con él desde siempre.

“Se sintió con el dominio suficiente para dar el paso que no se le había ocurrido ni en sueños en toda su vida”, como cuenta el Gabo. Terminaron en su cama y después de gozar dos orgasmos durante la madrugada, “de pronto, como el rayo de la muerte, la fulminó la conciencia brutal de que había fornicado y dormido por la primera vez en su vida con un hombre que no era el suyo”.

Entre sus narraciones se podría considerar esta como una de sus más sorpresivas, en tanto que, sin augurarlo, el hombre después de esta tórrida noche pasional, le deja 20 dólares de propina.

Lea el primer capítulo de ‘En agosto nos vemos’ aquí.

Jorge Rodríguez, EL VOCERO

Laureado periodista reportando por más de dos décadas en EL VOCERO sobre los eventos de arte y cultura de Puerto Rico y el mundo.


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