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Un museo universal para “Imalabra” de Martorell

La exposición en todo su fulgor con cientos y cientos de obras, acoge al menos, un distrito museístico y teatral, envidia de otras capitales con arquitecturas igual de apoteósicas.
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Por Jorge Rodríguez, EL VOCERO 4:00 am

LA HABANA, Cuba— En estos días cuando la retrospectiva del artista plástico puertorriqueño, maestro Antonio Martorell, titulada “Imalabra”, ocupa el majestuoso espacio de la primera galería del Palacio del Centro Asturiano, conocido como Museo Universal de Bellas Artes, en el Paseo del Prado de La Habana, la exposición en todo su fulgor con cientos y cientos de obras, acoge al menos, un distrito museístico y teatral, envidia de otras capitales con arquitecturas igual de apoteósicas.

Una de estas, la constituye sin duda, el Gran Teatro de La Habana, sede de los espectáculos del Ballet Nacional Cubano que lidera la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, y otrora Centro Gallego; mas son los museos los que dan el carácter ecléctico de una arquitectura local por sus técnicas de construcción empleadas, particularmente la estructura de acero, cubierta de piedras, tejas y losas de concreto, los mármoles de Italia, España y Estados Unidos, carpintería de caobas cubanas, vidrieras importadas de Madrid, y lámparas decorativas en bronce, con cristal de Bohemia. No pudo ser más acertado el espacio de “Imalabra” para visitar este palacio, diseñado por el arquitecto Manuel del Busto, hacia 1927. Su detalle más espectacular, es el gigantesco vitral que decora la bóveda de la estructura, realizado por Mariano Miguel, con una narrativa plástica en torno a la colonización.

Incautada la propiedad, después de la Revolución Cubana de 1959, pasó a ser la sede de la Asociación de Amistad Cubano-Española, después se convirtió en el centro de educación Palacio de Pioneros y en el Tribunal Supremo. Fue aquí en el espacio destinado a las deliberaciones que se montó la pieza teatral “veveviejo” de Martorell, con dirección de Rosa Luisa Márquez, frente a una cortina letrada que les recordaba a estos perfomeros super-adultos, los textos de la obra en caso de que les fallara la memoria. El texto fue dicho, leído, contado y actuado sobre el tablero ajedreceado de rostros intercambiables de viejos y bebés.

A partir del 2001, este centro se transformó propiamente en sede a las colecciones de arte universal del Museo Nacional de Cuba, y se anuncia como Museo Universal de Bellas Artes (MUBA). A poca distancia, se encuentra el Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba con una colección internacional que alberga el arte cubano más primigenio hasta el más moderno; y una colección compuesta de aproximadamente 47,600 piezas. Se estima que el MUBA contiene también unas 700 obras representativas de las siete escuelas tradicionales europeas: Alemania, Flandes, Holanda, Italia, España, Francia y Gran Bretaña, organizadas en conjuntos coherentes. Posee una colección integrada por 666 piezas del Asia Anterior, Egipto, Grecia, Etruria y Roma y que incluye el excepcional conjunto de cerámica griega. Ostenta obras contemporáneas de Picasso, Miró, Andy Warhol, Marcel Duchamp, André Masson, Camille Pissarro, Edouard Vuillard y Roy Lichtenstein.

Para la inauguración, Martorell instaló desde la acera de entrada su obra “Dédalo” en breves ediciones serigráficas sobre vinyl engomado que dibujaban rostros verdaderos con huellas digitales —y hasta con el AND de los modelos, podríase decir—, y que finalizaban su trayectoria en la misma puerta de entrada de la sala. Fue muy simbólico este encuentro, porque de muchas maneras la obra representaba a los visitantes anónimamente, quienes se entregarían a una experiencia visual sin precedentes, con un presente, un pasado y un futuro. Niurka Fanego, de la division de colecciones y curadurías del Museo, añadió que este tipo de entregas no suelen encontrarse a menudo, “de modo que, si a la razón la acompaña la passion, queda claro que disfrutaremos doblemente”. La propina en este caso, fue el propio museo albergue con una propuesta arquitectónica igual de rigurosa y afín que la del maestro Martorell.

Y la reflexión, del maestro, no se hizo esperar: “El arte como pregunta y posibles e innumerables contestaciones. El arte como deseo eternamente insatisfecho de conocimiento, de aprendizaje. Retrospectiva no, prospective sí, cruzando la frontera de la imposibilidad, violando la ley, afirmando la vida”.

Jorge Rodríguez, EL VOCERO

Laureado periodista reportando por más de dos décadas en EL VOCERO sobre los eventos de arte y cultura de Puerto Rico y el mundo.


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