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Un santo con fervor borincano

La canonización de Juan Pablo II guarda un profundo significado para los puertorriqueños que lo recibieron en San Juan el 12 de octubre de 1984
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Por Maricarmen Rivera Sánchez, EL VOCERO 4:01 am

El papa Juan Pablo II, el único papa que ha visitado Puerto Rico, se convirtió ayer en santo en una ceremonia oficializada por el papa Francisco, el primer latinoamericano en llegar a la silla en Vaticano.

Junto a él, ayer también fue canonizado el papa Juan XXIII. La ceremonia fue presenciada por miles de peregrinos, incluyendo puertorriqueños que llegaron hasta Vaticano para ser testigos de la historia en primera fila. Allí estuvo también la primera dama, Wi lma Pastrana, junto a un grupo de boricuas que dieron el viaje para participar de la canonización. Pastrana fue en representación de la Isla y, al saludar al papa Francisco, se informó que le pidió mantener a Puerto Rico en sus oraciones.

El evento fue histórico por más de una razón. Allí estaba no solo el papa Francisco, sino Benedicto XVI, su antecesor.

Así, la ceremonia de ayer fue la primera vez que dos papas celebran la canonización de dos papas contemporáneos del siglo 20.

San Juan Pablo II y San Juan XXIII fueron dos figuras carismáticas en la Iglesia Católica. El primero por ser el ´papa viajero´, un devoto de la Virgen María y de la familia.

El segundo, por entender que la Iglesia necesitaba una renovación que lo llevó a convocar el concilio Vaticano II.

En su homilía, el papa Francisco destacó las virtudes de los dos nuevos santos, según el portal aciprensa.com.

“Fueron sacerdotes, obispos y papas del siglo XX. Conocieron sus tragedias, pero no se abrumaron. En ellos, Dios fue más fuerte; fue más fuerte en la fe de Jesucristo redentor del hombre y Señor de la historia”, dijo el papa Francisco. “En ellos fue más fuerte la misericordia de Dios que se manifiesta en estas cinco llagas, más fuerte la cercanía materna de María”.

La canonización de Juan Pablo II guarda un profundo significado para los puertorriqueños que lo recibieron aquí en octubre de 1984.

El padre Willie Peña, párroco de la Iglesia Santa Bernardita en Country Club, recordó las veces que conoció a Juan Pablo II y lo describió como un hombre cariñoso y santo en todas sus actuaciones.

La primera vez que lo conoció, dijo, fue mientras estudiaba su doctorado en North American College en Roma. Juan Pablo II acababa de ser designado como papa y fue a visitar varios colegios.
“Nos pusimos en fila y la fila se paró conmigo. Me preguntó de dónde yo era y le extrañó que yo estuviera allí. Me preguntó un poco extrañado, pero muy cariñoso. Era un hombre muy cariñoso, muy afectuoso”, dijo Peña al recordar este primer encuentro.

Más tarde, dijo, tuvo una audiencia privada con el papa Juan Pablo II durante una visita que le hizo el grupo de Mujeres por la Familia Católica. Este grupo fue al Vaticano a llevarle información sobre los esfuerzos que realizaban en la Isla en favor de la familia.

“Nos exhortó a que no dejáramos de trabajar por la familia y por su querida gente de Puerto Rico”, dijo sobre el papa que visitó la Isla y otros tantos países que lo llevaron a recibir el nombre del “papa viajero”.,
Peña incluso estuvo en Roma cuando seleccionaron a Juan Pablo II como papa pues era secretario del entonces cardenal, Luis Aponte Martínez.

“Estuve allí, estuve muy cerquita de él. Estuve en las ceremonias”, dijo.
Al observar ayer las ceremonias de canonización de ambos papas, ahora santos, Peña recordó que ser santo es un esfuerzo diario, el final de un largo camino en una vida llena de santidad.

“Creemos que nos santificamos en la iglesia, pero vamos a la iglesia a alimentarnos de la eucaristía pero te haces santo en el diario vivir”, dijo. “Al fin y al cabo, santo es Dios”.

Maricarmen Rivera Sánchez, EL VOCERO

Tiene más de 15 años de experiencia como periodista en Puerto Rico y Estados Unidos. Tiene un bachillerato en Comunicación Pública de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras y una maestría en Periodismo de Indiana University en Bloomington, Indiana.


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