Víctima de doble asesinato era testigo del Estado

También fue asesinada la esposa del testigo principal contra una decena de sicarios
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Omar F. Santiago García. Suministrada
Por Miguel Rivera Puig, EL VOCERO 10:14 am

RIO GRANDE – Varios sicarios dieron muerte en su hogar anoche a Omar F. Santiago García y a su esposa Jeras Oded Rodríguez Millán, quedándose el Estado sin el testigo principal contra una decena de individuos acusados hace dos semanas por el linchamiento de Miguel Asencio Ayala ocurrido el sábado 15 de junio del 2013 después de que este matara a su pareja y a su hijastro en medio de un hecho de violencia doméstica ocurrido en el Residencial Pedro Rosario Nieves.

El testigo Santiago García, que tenía 26 años de edad, estaba en su casa en la urbanización Río Grande Estates, cuando irrumpieron los sicarios a eso de las 10:22 de la noche del martes.
Los sicarios abrieron fuego matándolo a él y a su esposa Jeras Oded, de 26 años de edad.
Con el testimonio de Rodríguez Millán el juez José Caballero les señaló una fianza ascendente a $22 millones a los nueve acusados y posteriormente un décimo individuo también fue imputado.
Recientemente antes de que se convirtiera en testigo habia sido acusado por posesión y venta de drogas.
Asencio Ayala fue secuestrado en las inmediaciones de un restaurante de comida rápida. La víctima, que tenía 35 años de edad, fue llevado al Residencial Pedro Rosario Nieves, donde había matado a su compañera y a su hijastro y lo agredieron para después ejecutarlo a balazos en la tarde del 15 de junio del 2013.
Asencio Ayala había asesinado a balazos en la madrugada de ese día a Janet Quiñones y a su hijo Gabriel Medina, que salió en su defensa.
También esos eventos cobraron la vida de dos jovencitos de 16 y 17 años de edad, cuyo automóvil fue chocado por la guagua en la que iba volando bajito la hija de la occisa tras conocer la mala nueva sobre su madre y hermano.
Janet tenía 46 años de edad y su hijo Gabriel, de 18 años.
El agente Luis Alejandro en unión al sargento Luis Alejandro, de la División de Homicidios del CIC realizó la investigación y el fiscal Omar Barroso Fiscalía levantó expediente contra Nelson Centeno, que se encuentra confinado Ponce por otros hechos; Ángel Tolentino Andino, también confinado en Bayamón y en ausencia contra Ángel Nieves Siares, Ángel Castro Torres, Carmelo Cátala Rosa, José Rodríguez Cáceres, Luis Ortiz Soto, José Cirilo Ramírez y Michael Molina Quiñones.
Janet le dijo a su hijo que su compañero Miguel la había agredido, y en esos momentos el agresor llega al lugar. Asencio Ayala, cuando se ve amenazado por el arma que tenía Gabriel, le dijo que se calmara, iniciándose un forcejeo. Asencio Ayala le quitó la pistola al joven matándolo junto a su madre e hirió a Alfredo Cruz, de 33 años, que estaba en una bicicleta y recibió un disparo superficial en la cabeza.
Descamisado huyó y no pudo ir al apartamento que compartía con Janet en el edificio 7 para buscar sus pertenencias.
A eso de las 3:00 de la madrugada, la joven Dix J. Román Quiñones, vecina de Loíza, al enterarse de los asesinatos de su mamá y hermano se dirigió en una guagua Jeep Cherokee modelo del 2000 a toda prisa por la PR- 3, presuntamente acompañada por unos individuos armados y por varias personas en otro automóvil.
La guagua rebasó la luz roja del semáforo de la Carretera 3 y chocó un Mazda 3 color azul modelo del 2007, en que viajaban los adolescentes Albert J. Patrilla Rosario, de 16 años y Edward J. Caraballo Alvira, de 17 años, vecinos de la urbanización Casa Verde.

Ambos adolescentes salieron expulsados del vehículo, en el que se dirigían a buscar a una persona a un restaurante de comida rápida y murieron en el acto.
Cerca de las 3:00 de la tarde un narcomano divisó a Asencio Ayala en un restaurante de comida rápida cerca del caserío, y avisó a los que operan el punto. En minutos una sinnúmero de individuos armado lo capturaron y lo llevaron a golpes y batazos hasta el residencial, donde fue ejecutado frente al edificio 7, posiblemente con unos 40 balazos en la cabeza que lo dejaron horriblemente desfigurado y con profundas heridas, una de las cuales lo dejó sin garganta.


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